Las Cruzadas menores. La reconquista de Jerusalén.

Tras el fracaso de la cuarta Cruzada, el espíritu cruzado se había apagado casi por completo, pese al interés de algunos papas y reyes por reavivarlo. Se cuenta que en 1212 un predicador de 12 años organizó la llamada “Cruzada de los niños” en la que miles de niños y jóvenes recorrieron Francia y embarcaron en sus puertos para ir a liberar Tierra Santa. Fueron capturados y vendidos como esclavos. Esta historia fue muy popular en la Edad Media, pero hay historiadores que creen que es un cuento exagerado, o un mito.

 

LA QUINTA CRUZADA

La Quinta Cruzada fue proclamada por Inocencio III en 1213 y partió bajo los auspicios de Honorio III, uniéndose al rey cruzado Andrés II de Hungría, quien llevó hacia oriente el ejército más grande en toda la Historia de las Cruzadas. Como la IV Cruzada, tenía como objetivo conquistar Egipto. Tras el éxito inicial de la conquista de Damieta en la desembocadura del Nilo, que aseguraba la supervivencia de los Estados francos, a los cruzados les pudo la ambición, e intentaron atacar El Cairo, fracasando y debiendo abandonar incluso lo que habían conquistado, en 1221.

 

LA SEXTA CRUZADA

El papa Honorio III ordenó al emperador Federico II Hohenstaufen, casado con Yolanda (también llamada Isabel II) de Jerusalén, que fuera a las cruzadas como penitencia. El emperador asintió, pero demoró tanto la partida, que le valió la excomunión. Finalmente, el emperador (que tenía pretensiones propias sobre el trono de Jerusalén) partió en 1228 sin el permiso papal. Sorprendentemente, Federico II consiguió recuperar Jerusalén mediante un acuerdo diplomático con el Sultán de Egipto y Siria, y también obtuvo Belén y Nazaret. exceptuando la Cúpula de la Roca, sagrada para el Islam, acordando una tregua de 10 años. A pesar de la oposición del papa, Federico se autoproclamó Rey de Jerusalén en 1229, actuando legalmente como regente de su hijo Conrado IV de Alemania, que era a quien correspondía dicho título, por herencia de su madre, fallecida el mismo año en que Federico II partió para Tierra Santa.

      

LA SÉPTIMA CRUZADA

Cinco años de cumplirse la tregua de diez años acordada en la Sexta Cruzada, los musulmanes conquistaron y saquearon Jerusalén en 1244. La llamada a una nueva Cruzada no fue ni inmediata ni generalizada. Solamente el rey Luis IX de Francia (el futuro San Luis) declaró su intención de tomar la cruz en diciembre de dicho año. Poco después el papa Inocencio IV convocó la Séptima Cruzada. Luis IX tuvo que recaudar impuestos especiales para sufragarla  y tardó tres años en estar listo para empezar la campaña. Los cruzados fueron en primer lugar a Chipre, donde decidieron que su objetivo sería Egipto por considerar que era la provincia más rica y vulnerable de los territorios musulmanes, y que, si conquistaban Damieta, en el delta del Nilo. quizá podrían intercambiarla por Jerusalén, como el sultán ya había propuesto durante la quinta cruzada. pero fueron derrotados y Luis IX hecho prisionero con todo su ejército

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OCTAVA CRUZADA

Entre los años 1265 y 1268, los egipcios mamelucos conquistaron una serie de territorios cristianos en el litoral de Palestina y del Líbano, incluido el Principado de Antioquía, que había sido cristiano durante 160 años. El rey de Francia Luis IX (San Luis), lanzó una nueva iniciativa armada, la Octava Cruzada, en 1270. El objetivo, curiosamente en esta ocasión fue Túnez. Luis IX partió para Egipto, y de allí se dirigió después a Túnez, con la esperanza de convertir al emir de la ciudad y al sultán al cristianismo. La expedición de San Luis terminó en tragedia. No llegó siquiera a tener oportunidad de combatir, ya que apenas desembarcaron las fuerzas francesas en Túnez, fueron acometidas por la peste, segando incontables vidas entre los cristianos, entre ellos San la de San Luis y uno de sus hijos. Su heredero, Felipe el Audaz, firmó un tratado de paz con el sultán y regresó a Europa.

 

LA NOVENA CRUZADA

 novena cruzada. emprendida por el futuro Eduardo I de Inglaterra, comenzó con las noticias de que el Sultán Mameluco de Egipto, había reducido los restos del Reino de Jerusalén, a una pequeña franja de tierra entre Sidón y Acre. Eduardo, que había participado en el fracaso de la Octava Cruzada, se trasladó desde Túnez a Tierra Santa. Tras una serie de batallas, cuando estaba preparando el ataque a Jerusalén, le llegó la noticia de la muerte de su padre, Enrique III, y como heredero al trono, decidió regresar a Inglaterra, firmando un tratado de paz en 1272, con el que concluyó la Novena y última de las Cruzadas de la Edad Media. La presencia cristiana quedaba reducida al condado de Trípoli, a San Juan de Acre como “capital del Reino de Jerusalén”, y pocos lugares más.

 

 

 

 

 

 

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