La caída de San Juan de Acre. El fin de las Cruzadas

 

En 1290 los restos del Reino de Jerusalén, reducidos a unas cuantas fortalezas a lo largo del Mediterráneo, cuya capital era San Juan de Acre, vivieron una época de paz y de renovado esplendor. Volvieron de nuevo las caravanas de los mercaderes de Damasco. Aquel año se recogió una buena cosecha en Galilea y los campesinos musulmanes abarrotaron con sus productos los mercados de Acre.
En agosto, en plena prosperidad, llegaron los cruzados italianos. Desde que arribaron constituyeron un problema para las autoridades. Eran desordenados, bebedores y pendencieros. Alegaban que habían ido a luchar contra el infiel, y por ello comenzaron a atacar a los mercaderes, a los campesinos y a los ciudadanos musulmanes de Acre.Tras un banquete acompañado de copiosas libaciones, los recién llegados se dispersaron por las calles, acosando y degollando sin piedad a todo el que llevase barba. La turba cristiana se precipitó por las calles de la ciudad y los suburbios, matando a todos los musulmanes que encontraban. Los caballeros de las órdenes estaban horrorizados ante la carnicería, pero todo lo que pudieron hacer fue salvaguardar a algunos musulmanes en sus castillos y arrestar a los cabecillas.
Estos hechos dieron al sultán mameluco, Qalawun Malik Al-Mansur, el pretexto que necesitaba para atacar la ciudad. El Sultán, que murió en noviembre de 1290 fue sucedido por su hijo Khalil Al-Ashraf, quien juró a su padre, en su lecho de muerte, terminar la empresa que él dejó inconclusa.
Algunas fuentes cristianas afirman que el sultán tenía bajo su mando 60.000 soldados de infantería y unos 20.000 de caballería, cifras sin duda exorbitantes pero que junto a las 72 catapultas de que disponían, demostraron ser muy superiores a las defensas de la ciudad: 14.000 soldados a pie y 800 caballeros, además de 2.000 hombres que zarparon desde Chipre. Se estima que la población de Acre en la época oscilaba entre los 30.000 y los 40.000 habitantes.
La Ciudad Real de San Juan de Acre estaba situada de espaldas al mar Mediterráneo, rodeada de agua por el sur, por el este y por el oeste, formando una pequeña península, y dominaba la bahía que llevaba su nombre. Tenía una doble fila de murallas y doce torres. El castillo del rey, ocupado por la Orden del Hospital, estaba pegado a la muralla interior.
Los cristianos, conscientes de su inferioridad, enviaron al campamento musulmán una embajada para negociar la paz. Pero el Sultán, sin dejarles entrar, les preguntó si traían las llaves de la ciudad. Ante la respuesta negativa de los emisarios, Khalil se negó a negociar; sólo aceptaría la rendición incondicional. El 7 de abril comenzó el asedio. Los gritos de los asaltantes fueron acompañados por el batir de los tambores y el sonar de las trompetas. Las catapultas comenzaron a lanzar rocas sobre los muros de la ciudad, destruyendo casas, templos y calles. Simultáneamente, una lluvia de flechas incendiarias, saetas y jabalinas prendió con fuego los tejados de paja o madera, provocando el pánico de los habitantes .
8 días después, el 15 de abril, los templarios y hospitalarios que se hallaban acuartelados al norte de Acre, intentaron un ataque nocturno por sorpresa contra el ejército mameluco. Inicialmente la sorpresa funcionó pero, al cabo de apenas unas horas, las fuerzas cristianas se vieron obligadas a retirarse. Los zapadores musulmanes avanzaron bajo los muros con extraordinaria rapidez, al tiempo que toda la muralla exterior se derrumbó ante el bombardeo incesante de las catapultas. El día 18, las tropas del Sultán abrieron brecha en la Torre Maldita, por donde irrumpieron los mamelucos, rechazando a los defensores hasta la muralla interior. Repitiendo la táctica intimidatoria inicial, Al-Ashraf ordenó el asalto definitivo acompañado de un importante número de tambores, trompetas y timbales. Los arqueros prepararon el camino a la primera línea de atacantes. compuesta por escuadrones suicidas. Muy pronto numerosos los musulmanes corrían ya por toda la ciudad.


Al ver que la ciudad estaba irremediablemente perdida, el miedo se contagió a la aterrorizada población, que huyó presa de pánico hacia los muelles, intentando caóticamente encontrar sitio en los pocos barcos disponibles. Como los habitantes eran muchos y los barcos muy pocos, no había suficiente lugar para todos, con lo que algunos fueron abordados y sobrepasados por el excesivo peso de la gente.
En total, el asedio de Acre duró sólo seis semanas, comenzando el 6 de abril y terminando con la caída de la ciudad el 18 de mayo. La Caída de San Juan de Acre, último reducto importante en manos cristianas del Reino de Jerusalén es, para los historiadores, el acontecimiento que marcó el fin de las Cruzadas.
En cuestión de meses, las ciudades restantes en poder de los cruzados cayeron con facilidad, incluyendo Sidón (14 de julio), Jaffa (30 de julio), Beirut (31 de julio), Tortosa (3 de agosto) y Atlit (14 de agosto). La última en caer fue la pequeña isla de Arwad, o Rwad, en las cercanías de Tortosa, que se mantuvo en manos cristianas hasta 1302.

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