65. La sociedad judía. Los Gentiles

Los judíos se consideraban el pueblo elegido por Dios y rechazaban toda manifestación pagana. Por ello los gentiles eran considerados impuros. Se pensaba que el mero contacto con ellos era causa de impureza. Sus casas y todas sus pertenencias eran susceptibles de impureza ritual y consideradas «impuras». Sus pertenencias tenían que ser purificadas mediante inmersión en agua antes de que un judío pudiera utilizarlas. Algunas tenían que se escaldadas; otras se calentaban en el fuego al rojo vivo

Para evitar el riesgo de favorecer la idolatría, se prohibía a los israelitas llevar a cabo cualquier negocio con los gentiles durante los tres días anteriores a una festividad pagana: no se podía tomar ni hacer préstamos, hacer pagos o recibirlos de los gentiles. En el día de la festividad, el israelita ni siquiera podía frecuentar la ciudad en cuestión

Si la madera había sido extraída de un bosque dedicado al culto pagano, estaba prohibido servirse de ella . Si un horno había sido calentado con dicha madera había, que romperlo si era nuevo, y si era viejo, dejarlo enfriar por completo antes de usarlo. y si se había usado para cocer pan, éste no se podía comer. Igualmente se había hecho la lanzadera de un telar con madera “pagana”, tampoco se podía utilizar la tela. Y había un sinfín de cosas que podían contraer impureza por haberlas utilizado los gentiles o por no haber sido observadas las leyes de la pureza legal en el curso de su producción. Así, la mayor parte de los alimentos estaban prohibidos cuando procedían de los gentiles; por ejemplo, la leche ordeñada por un gentil, a menos que un judío hubiera presenciado la operación, y también el pan y el aceite, porque podían haber contraído impureza al haber sido vertidos en recipientes impuros.

Ningún judío observante de la Ley podía compartir la comida de los gentiles ni sentarse a la mesa con ellos. En consecuencia, los judíos de viaje por un país gentil se hallaban en una situación difícil. Si querían guardar estrictamente la Ley, habían de limitarse a consumir verduras y frutas crudas, como higos y nueces. La tierra era propiedad del pueblo elegido. Sólo los israelitas podían ser dueños de ella. Estaba prohibido alquilar casas o arrendar tierras a los gentiles. Todas estas prohibiciones para tratar de defender el judaísmo frente a la religión pagana, lograron su propósito. Pero no pudieron contrarrestar la cultura grecorromana que terminaría por ser pacíficamente asimilada por los judíos al correr del tiempo.


Próxima entrega: La sociedad judía. La mujer

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