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Jul 07 2017

68. Las Sinagogas en tiempos de Jesús (II)

El origen de las sinagogas se remonta a la época del exilio en Babilonia, y surgió como una forma de reunión para instruir y comunicar la Torá, y no perder de vista las costumbres judías en medio de tanta influencia extranjera. Es decir, no tenían originalmente la finalidad de servir al culto religioso, sino que consistían en una sencilla reunión social con fines didácticos. De ahí que su nombre en hebreo signifique “Casa de la Asamblea”. El único lugar de culto al que verdaderamente reverenciaban los judíos de tiempos de Jesús era el Templo de Jerusalén. Sin embargo, en tiempos de Jesús era creencia generalizada que la institución de la sinagoga procedía de Moisés.

Los Ancianos, que tenían a su cargo los asuntos de la congregación, contaban con un grupo de funcionarios para atender asuntos concretos, entre los que siempre tenía que haber: el archisinagogo (o presidente de la sinagoga), el limosnero y el ministro.

La responsabilidad del archisinagogo era atender al culto público. Era por ejemplo, el encargado de invitar al orador idóneo para realizar la lectura, la plegaria, o la predicación. Se solía escoger para el cargo a alguno de los ancianos. Le correspondía, en general, vigilar para que nada impropio ocurriera en la sinagoga y es probable que tuviera también a su cargo el cuidado de los edificios de la sinagoga.

El limosnero era el encargado de hacer la colecta para los pobres. Había dos tipos de colectas: el cestillo de las limosnas semanales del que se tomaba lo necesario para socorrer a los pobres de la localidad una vez a la semana. Y la “bandeja” de la que cualquier necesitado podía recibir una porción diaria. Sólo los que no tuvieran suficiente alimento para dos comidas al día podían solicitar esta caridad.

El cometido del ministro consistía en preparar los textos sagrados para el servicio y reponerlos en su lugar una vez finalizado éste; se encargaba también de anunciar el comienzo y el final del sábado a toque de trompeta. Sus tareas eran muy variadas. Tanto podía encargarse de ejecutar el castigo a los condenados a azotes, como dedicarse a enseñar a leer a los niños. No había funcionarios oficiales para el cargo de lector de las escrituras, de recitador de la plegaria, o del predicador.

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Imagen : Interior de la sinagoga Hurva. Jerusalén


Próxima entrega: LOS ALIMENTOS EN LA ÉPOCA DEL NACIMIENTO DE JESÚS (I). EL PAN Y EL VINO 

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