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Nov 24 2017

El primer belén de España

Palma de Mallorca presume, con razón, de contar con el nacimiento más antiguo de España. Cuenta la leyenda que el capitán Doménico Gangome se encontraba navegando en el Mediterráneo en 1536, procedente de Nápoles, llevando en su bodega siete obras escultóricas, cuando le sorprendió una fuerte tormenta y se encontró perdido, sin saber dónde estaba. Pidió ayuda a Dios, y prometió donar una de las obras a quien le orientara para llegar a tierra. De pronto vio una luz procedente del Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, en la isla de Mallorca. Y allí se encaminó, dispuesto a cumplir su promesa, consiguiendo llegar hasta la costa.

El prior del convento acudió a recibirle y le ofreció su ayuda. Gangonne le expresó su gratitud y le dijo que podía escoger un grupo escultórico de los siete que llevaba. El abad eligió el que representaba la escena del nacimiento de Jesús El capitán se arrepintió al momento, y le dijo que ese no, que escogiera otro, pero el prior lo rechazó y prefirió irse sin nada.

Una vez desembarcado el religioso, el capitán intentó hacerse a la mar con viento favorable, pero a pesar de intentarlo por dos veces, el barco no se movía. Gangonne comprendió que Dios quería que aquel belén se quedase en la isla, y rectificó. El abad recogió las figuras y las depositó en el convento de Jesús, a extramuros de la ciudad. A principios del siglo XVII se fundó, en la capilla que albergaba el belén, la Cofradía de Nostra Senyora de Betlem, concediéndole el Papa Clemente VIII indulgencias, y la celebración en el día de la Epifanía del Señor, el 6 de enero, de su festividad mayor, organizando una procesión con niños ataviados de Reyes Magos.

En el año 1836, el convento de Jesús, al igual que muchos cenobios mallorquines y del resto de España, fue exclaustrado por una ley que permitía sólo un centro religioso de cada orden en una misma localidad, y el belén fue trasladado hasta la Iglesia de la Anunciación, popularmente conocida como la de “la Sang” (la Sangre), donde se encuentra desde entonces. Sus figuras, de un metro a metro y medio de alto, han sido datadas en 1480, señalando que su autoría podría ser la de los famosos escultores Hermanos Allamanno, dado lo mucho que se parecen al belén de la iglesia de Nápoles de San Giovani di Carbonara.

 

 

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