Los belenes provenzales (I)

Los primeros belenes napolitanos llegan al condado de Niza y a la Provenza francesa a finales del siglo XVI y principios del XVIII. El primer pesebre “del que se tiene constancia, obra del artesano Laurent, data de 1775, siguiendo la técnica napolitana. La madera y el alambre constituyen el armazón sobre el que se ajustan las piezas de tela, rellenas de paja, que dan la forma y el movimiento del cuerpo y los miembros. La cabeza se realiza en cera, inicialmente de colmena y luego de grasa procedente de la lana del cordero. Para los vestidos se utilizan tejidos provenzales, cintas, encajes, e incluso telas sacerdotales para vestir a los Magos. Así eran los primitivos belenes franceses, inspirados en las figuras de los belenes napolitanos.

Muy pronto la Ilustración primero, y la Revolución Francesa después, llevan al cierre de las iglesias, a la persecución religiosa, y a la prohibición de los belenes.

La reacción popular ante este hecho daría origen a los actuales belenes de la Provenza. Los belenes se refujian en la intimidad del hogar y los provenzales fabrican sus propias figuritas, inicialmente con miga de pan, y muy pronto de arcilla, pintada con vivos colores, que reciben el nombre de “santons” (santitos). Curiosamente se intentó llamar “Gloriain”, a esta figuras (de “Gloria in excelsis Deo”), pero la denominación no prosperó.

Gran parte de las figuras provenzales surgen de la obra literaria «La pastorale Maurel», una popular e ingenua representación teatral inspirada en la Navidad. Un escultor marsellés, Jean-Louis Lagnel crea el primer “santón” en arcilla en 1797, tomando como modelo a sus propios vecinos, vestidos con el atuendo de las profesiones y oficios de la época de Luis Felipe de Orléans, último rey de Francia.

Los santons pierden su origen sagrado, para convertirse en personajes familiares y pintorescos. El éxito de Lagnel es tal, que para atender a la demanda no puede limitarse a crear piezas únicas, y comienza la producción en serie, utilizando moldes, entrando así en la producción comercial. Y ya en 1803, tras la firma del Concordato entre Napoleón y la Santa Sede, tiene lugar en Marsella la primeria Feria de belenes, el primer mercadillo navideño, que ha perdurado hasta nuestros días.

 

    

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