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Abr 20 2018

Tradiciones populares navideñas. La paradura, el robo y la búsqueda del Niño

Uno de los significados de “pararse”, en los países hispanoamericanos, según el Diccionario de la Real Academia Española, es estar o ponerse de pie. La “Paradura del Niño” es una tradición popular sobre todo de la región andina de Venezuela, que representa la celebración de que el Niño Jesús “ya ha aprendido a ponerse de pie”
 
La fiesta de la “Paradura” tiene lugar los días 1 y 2 de enero y es compartida en comunidad o en familia. Consiste en poner al Niño Jesús de pie en el pesebre, al tiempo que se reza un rosario en su nombre, dando así fin a la celebración de la Navidad. Las paraduras típicas son cantadas, es decir, van acompañadas de cánticos y poemas con la participación de grupos musicales, mientras al Niño se le da un pequeño paseo alrededor de la casa. El acto finaliza ofreciendo a los presentes bizcochos y vino.
 
Otra tradición andina, que tiene lugar en enero, consiste en simular el robo de la imagen del Niño Jesús, para luego buscarla y devolverla a su lugar de origen. Una persona “roba” la imagen, y tres días después, notifica verbalmente o por escrito al dueño que se ha llevado al Niño. El dueño debe responderle mediante una carta, fijando la fecha y los detalles de la devolución. Toda la gente del pueblo conoce su paradero, menos el dueño el cual, al enterarse de lo ocurrido, organiza la “Búsqueda”, que es el pretexto para la acción teatral que tiene lugar a continuación.
 
Para ello se organiza un cortejo integrado por niños y niñas vestidos de la Virgen María, San José, los Reyes Magos, pastores y ángeles, a quienes se suman las autoridades de la localidad, que van recorriendo las calles del pueblo, entre cánticos, llamando una a una a todas las puertas, preguntando si alguien ha visto al Niño, idea basada, sin duda, en la escena bíblica de la pérdida del Niño Jesús en el Templo. La búsqueda comienza en la casa de donde se sustrajo el Niño Jesús y termina en aquella en la cual los ladrones lo depositaron. Allí son apresados con cuerdas, y el Niño es liberado.
Cuando se encuentra al Niño perdido, es llevado en procesión a su casa y devuelto a sus dueños, que proceden a la ceremonia de la “Paradura”, es decir, a ponerle de pie en el pesebre, entre María y José, al tiempo que se entonan cánticos de alegría y agradecimiento.
 
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