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Abr 23 2018

Pesebre argentino (II)

Este pesebre argentino me lo regaló mi secretaria en la OTAN, Pilar González de Lamadrid, que se lo encargó a unos parientes suyos que viven en Buenos Aires. De loza brillante, el ángel y los pastores parecen niños pequeños. El Niño Jesús y San José llevan en su base la inscripción “Artesanía Argentina”, y todas las figuras, una marca que dice “Jasp”, “Tast”, o algo parecido.
 
Según la tradición, el primer belén navideño de la Argentina fue el de la Quebrada de Humahuaca, en Jujuy, en el año 1594. El fundador de la ciudad de San Salvador de Jujuy, en 1553, D. Francisco de Argañaz, quiso reemplazar el largo “Camino del Inca”, que unía la Argentina con el Alto Perú, por otro más corto, y solicitó la ayuda de un sacerdote misionero, para que llevara a cabo la conversión espiritual de los indios de las regiones que el camino había de atravesar. Y fue designado el padre Gaspar Monroy, de la Compañía de Jesús, quien al llegar el 25 de diciembre a la quebrada de los humahuaca, narró a los aborígenes el nacimiento de Jesús, quienes tiñeron los cerros de arcilla de colores y moldearon la primera representación del nacimiento.
 
Otra figura relevante fue San Francisco Solano, un cura español entusiasta de los villancicos, que por su afición a la música, y su empeño en mantener las costumbres autóctonas, y respetar las culturas nativas, hoy en día es el patrono del folklore argentino. Adquirió gran fama, especialmente en el noroeste, por haber sido el promotor de los pesebres vivientes, implicando en ellos a los nativos, colocando, por ejemplo, a niños indígenas en el lugar del Niño Jesús, demostrando así la universalidad del mensaje cristiano.

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