«

»

May 21 2018

Belén de Uzbekistán

Es fácil encontrar en internet este tipo de belén uzbeko, redondo, con forma de medallón, de cerámica lacada, de 10 cm de diámetro y con las figuras de la Sagrada Familia, que adquirí en 2007, y que pudiera estar concebido para ser colgado del Árbol de Navidad.
 
Antes de la invasión árabe en el siglo VIII, el cristianismo llegó a ser la segunda religión del país, de lo que da fe que Marco Polo, en el siglo XIII, cuando mencionó la existencia de una gran iglesia dedicada a San Juan Bautista en Samarcanda, que es hoy la segunda ciudad de Uzbekistán, después de la capital, Taskent.
 
Samarcanda prosperó debido a encontrarse en “la Ruta de la Seda”. La UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad, dados sus 2700 años de antigüedad. Es conocida como “la ciudad de las mil leyendas”, entre ellas la que dice que su nombre se debe al amor imposible entre dos jóvenes –Samar, de familia humilde – y Kant, hija de un hombre rico y poderoso que se oponía a su noviazgo, por lo que mató a Samar, tras lo cual Kant se quitó la vida.
 
Aún hoy, debe su fama a la armoniosa disposición y belleza de las tres madrazas que se alzan en la céntrica plaza del Registán. Enfrente se encuentra la gran estatua sedente de Timur, el héroe indisolublemente unido al destino de la ciudad, Timur-i-Lenk –Timur «el cojo» -, apodo que en Occidente se transformaría en Tamerlán (y en España en Tamorlán)– que construyó un vasto imperio desde Anatolia hasta el océano Índico, y la relevancia de cuya figura traspasa los límites de las épocas medieval y renacentista. Tamerlán escogió Samarcanda como su capital, por ser donde confluían las caravanas procedentes de Oriente y Occidente, con sus especias y exóticos perfumes, y pronto la convirtió en la residencia de una corte de leyenda.
 
Un hecho, desconocido e interesante, es que nadie contribuyó tanto a dar a conocer las leyendas de Samarcanda en Occidente como el español Ruy González de Clavijo, ayuda de cámara del rey Enrique III de Castilla, que visitó la ciudad en los albores del siglo XV al frente de una embajada enviada por el rey con una carta para el gran Tamerlán, con la intención de crear una alianza para hacer frente a la previsible amenaza de los turcos otomanos a la cristiandad. Para ello siguió la ruta comercial, entrando por el Mar Negro para proseguir el viaje a través de los actuales Turquía, Irak e Irán, continuando hacia el norte hasta la Gran Bukaria (actual Uzbekistán), alcanzando su capital, Samarcanda.
 
El relato de los hechos y de los numeroso lugares visitados es de gran exactitud, e incluye interesantes descripciones de personajes y costumbres orientales, perfectamente engarzadas y detalladas, lo que la hace una obra entretenida y rigurosa bajo el título de “Embajada a Tamorlán”. Es, sin duda, una de las joyas de la literatura medieval, en muchos aspectos comparable al célebre “Libro de las Maravillas” del italiano Marco Polo. De la importancia de esta expedición da fe que una de las arterias principales de Samarcanda lleva el nombre de ”Rui Gonsales de Klavixo”. Pero, una vez más, España no ha hecho valer esta extraordinaria aportación a la Historia, que ha pasado inadvertida.
 
Y un hecho curioso es que Tamerlán, para homenajear al diplomático madrileño, mandó construir una ciudad con el nombre de la ciudad natal de Ruy González de Clavijo, es decir Madrid. De esta manera en Uzbekistán, al norte de Samarcanda, podemos encontrar la única ciudad de Asia que lleva el nombre de la capital de España
 
Ver colección en https://belenesdelmundo.com
 
En la fotografía de labajo, ko´chasi, en uzbeco, significa calle

Deja un comentario