Jun 23 2017

68. El Templo, en tiempos de Jesús

El Templo de Jerusalén era para los judíos el lugar sagrado de culto a Yahvé. A lo largo de la historia del pueblo de Israel hubo tres Templos.

El primero fue construido por el rey Salomón, constaba de varios atrios y de un santuario y se hallaba unido al palacio real, pero fue destruido por Nabucodonosor, rey de Babilonia. El segundo fue construido por los judíos a su regreso de su cautividad en Babilonia sobre las ruinas del primero, pero de más modestas proporciones. Fue totalmente reconstruido por el rey Herodes, el Grande, en forma totalmente nueva, siguiendo las huellas del primero, aunque con mayor altura y con explanadas más amplias y fue destruido por los emperadores Vespasiano y Tito en el año  70 d. C.

Se levantaba sobre una gran explanada en forma rectangular, protegido por tres grandes murallas. Su interior estaba formado por atrios y por el santuario, cuya parte anterior, llamada “el Santo”, contenía el altar de oro, la mesa para los panes de la proposición y el candelabro de oro de siete brazos, y la parte posterior, llamada el “Santo de Los Santos”, era  morada de Yahvé, en la que había estado el Arca de la Alianza, pero en tiempos de Jesús de Nazaret era un lugar oscuro y vacío. En este santuario únicamente entraba el sumo sacerdote un día al año en la fiesta del Yon Kipur.

Este Templo fue el que  vio y conoció Jesús de Nazaret.  De recién nacido en Belén fue presentado en él por sus padres José y María, según la Ley mosaica. Sus padres tenían por costumbre venir todos los años a visitarlo. Durante su vida pública vino varias veces a Jerusalén en compañía de sus discípulos.

Algunos consideran el Templo de Herodes como el Tercer Templo y otros sólo como una reconstrucción del Segundo, y dicen que el Tercer Templo se construirá a la llegada del Mesías judaico.

 

Los cristianos llamamos templos también a las iglesias. Para los judíos sólo hay un Templo (con mayúsculas), que es el de Jerusalén. Lo demás son sinagogas.


Próxima entrega. Las sinagogas

Jun 19 2017

Las Cruzadas, origen de las Ordenes Militares. La Orden que creó un Estado. La Orden Teutónica

Aunque apenas conocida, la Orden Teutónica, también llamada Orden de los Caballeros Teutónicos u Orden de los Teutónicos del Hospital Militar de Santa María de Jerusalén, fue una orden medieval de carácter religioso-militar católica y mariana, fundada en Palestina en 1190 durante la Tercera Cruzada en la fortaleza de San Juan de Acre, que en 1198 se definió como Orden Militar y obtuvo el reconocimiento del Vaticano.Es la cuarta Orden Militar creada durante las Cruzadas.

La Orden fue creada tras la toma de Jerusalén por Saladino, por cruzados alemanes siguiendo el modelo de la Orden del Temple y del de la Orden Hospitalaria . Originalmente fue solamente una organización hospitalaria que ayudaba a los peregrinos cristianos, pero más tarde fue reorganizada como orden militar, a semejanza de los Caballeros Templarios, y obtuvo el reconocimiento oficial del papa Inocencio III en 1198.

En 1220 los Caballeros Teutónicos establecieron su cuartel general en la Fortaleza de Monfort en Palestina, que se convirtió en la sede de los grandes maestres. En 1266, los sarracenos no consiguieron tomar la fortaleza, pero regresaron en 1271 y consiguieron hacerse con el castillo a través de un túnel excavado en la roca, con lo que los Caballeros Teutónicos se vieron obligados a refugiarse en San Juan de Acre. La toma de Acre por los sarracenos obligó a los cruzados a retirarse de Tierra Santa, impulsando a la orden a reconsiderar su misión.

Misión que cambió radicalmente, desligándose de Tierra Santa, dando comienzo a las Cruzadas Bálticas, con intención de cristianizar a los pueblos bálticos. En ese momento la orden se estableció definitivamente en Prusia creando un Estado independiente: el Estado Teutónico.

El Emperador Federico II Hohenstaufen había otorgado a los teutones todos los privilegios de los príncipes del Imperio, incluido el derecho de soberanía sobre los territorios conquistados, con soberanía papal sólo nominal. La cruzada dejó amplios vacíos de población en los territorios bálticos conquistados, problema que se resolvió parcialmente fomentando la inmigración de colonos germanos del Sacro Imperio Romano Germánico.

Hacia 1242, la orden emprende una campaña para la conversión de los cristianos ortodoxos de Novgorod. A pesar de una derrota frente al ruso Alexander Nevski, la orden extendió rápidamente su dominio sobre los países bálticos. Más tarde ocuparían Lituania, Estonia, y otra serie de territorios, además de contar con posesiones en diferentes puntos del Sacro Imperio, alcanzando su apogeo gracias a una potente economía urbana, además de convertirse en una potencia naval en el mar Báltico. Con la llegada del protestantismo, sus tierras se convirtieron en el ducado de Prusia, produciendo la secularización y división de la Orden.

A partir de 1575, el Priorato de España, de confesión netamente católica, se mantuvo totalmente desvinculado de la Orden Teutónica dirigida por protestantes luteranos, permaneciendo directamente vinculado con el Vaticano y bajo la protección política del Rey Felipe II de España.

Un hecho curioso es que durante el siglo XIII la Orden se estableció también en la Península Ibérica, con sede principal en la Encomienda castellana de la Mota de Toro (hoy Mota del Marqués), donde aún se conserva la iglesia construida entonces. La Encomienda les fue cedida en 1222 por Beatriz de Suabia (esposa del Fernando III el Santo). Desde allí se extendió hasta tierras de Toledo y de Sevilla (donde la calle de Alemanes recuerda hoy a dichos caballeros).

La Orden pervivió vinculada a los Habsburgo, conservando numerosas propiedades en Alemania y otras partes de Europa,  En 1809 Napoleón decretó la disolución de la Orden Teutónica en toda Europa confiscando sus bienes y arrasando sus propiedades, siendo destruidos en 1810 en España, el Convento, el Castillo y el Hospital del Priorato en Mota del Marqués, subsistiendo únicamenet la Ermita de Santa María, aneja a la Iglesia parroquial de San Martin, sin que posteriormente en los siglos XIX y XX el Priorato Teutónico se volviera a restaurar.

Hasta después de la Primera Guerra Mundial, la Orden se mantuvo presidida por los Habsburgo, pero en 1923 la Orden abandonó su carácter caballeresco militar, constituyendo una nueva entidad puramente religiosa aprobada por el papa, denominada Hermanos de la Casa Alemana de Santa María de Jerusalén, institución de la Iglesia católica de carácter clerical, con fines religiosos y de caridad.

La Orden Militar Teutónica tras haber sido suspendida, reapareció en 1942 en el periodo del Tercer Reich, para ser posteriormente inhabilitada por los aliados. Es curioso que Hitler se inspiró en la cruz de la Orden Teutónica para su conocida “Cruz de Hierro”.

La institución puramente religiosa de los Hermanos de la Casa Alemana de Santa Maria de Jerusalén, heredera de la Orden, comprende hoy a medio millar de sacerdotes, religiosos y religiosas profesos. La sede del Magisterio Eclesiástico se encuentra en Viena contando con Bailías y Encomiendas en cinco países de Europa Central, y también en el área mediterránea.

En 1989 renació la faceta dinástica con el nombre de “Soberana Orden Militar y Hospitalaria de Santa María de Jerusalén Teutónica Dinástica de Suabia y Antioquia”. Con la renuncia hereditaria del último Gran Maestre, el Archiduque Eugenio de Habsburgo en 1923, la Orden suspendió su carácter caballeresco y militar.

En 1995 la Orden Teutónica Dinástica reinició su etapa dinástica y  militar con la celebración de una investidura de Caballeros Teutónicos. Una situación realmente confusa, renacida en España como “Priorato de la Orden TTeutónica Dinástico  que no tiene conexión alguna con la Casa Alemana de Santa María de Jerusalén.

    

Cruz de la Orden Teutónica                                               Estados Teutónicos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Jun 16 2017

La sociedad judía. La mujer (III)

Las mujeres judías ultraortodoxas siguen manteniendo costumbres ancestrales que hoy nos resultan increíbles. Visten siempre de oscuro, con falda larga y todo el cuerpo tapado. Las casadas se rapan la cabeza para no atraer a los hombres y se cubren su calva con pelucas, pañuelos (el tichel que puede tener diversos colores) o sombreros. Un caso muy curioso es que prohíben mezclar en la ropa lino y algodón. De hecho, la empresa española Zara tuvo que pedir disculpas en 2007 a la comunidad ortodoxa judía por haber incurrido en lo que ésta considera un grave pecado: mezclar algodón y lino en una misma prenda. Esta mixtura está terminantemente prohibida, al ser considerada un “híbrido” que va contra natura.

La mujer apenas sale de casa. Espera pacientemente a sus padres, hermanos o maridos. Una vez reunidas las familias, bajo una tenue iluminación, charlan, comen, pero las mujeres opinan poco o nada. Otro hecho singular es que una mujer no puede cantar delante de los hombres, y el que éstos no deben tocar siquiera levemente a una mujer ni sostener su mano, aunque sea de su propia familia, ya que les puede llevar a la excitación sexual. No les está permitido conducir coches para, por ejemplo, llevar a los niños al colegio.

Paren de seis a siete hijos de media. No tener hijos se considera una catástrofe social. En ese caso el marido podrá divorciarse ya que se considera que su mujer “tiene el vientre cerrado”. Algunas trabajan dentro del barrio, la mayoría como maestras. Su formación es muy elemental.

Las ultraortodoxas se sienten orgullosas de tener maridos “sabios”, que se dedican al estudio de la Torá y a la meditación. Son, como dicen muchas de ellas, su “alimento espiritual”. Por otra parte, en contraste con todo lo anterior, los ortodoxos consideran que la mujer se conecta constantemente con Dios, mientras que el hombre tiene que rezar con 10 personas para llegar al mismo nivel.

Todavía hoy en día, todas las mujeres judía. s tienen prohibido ir a rezar al Muro de las Lamentaciones. El enfrentamiento a este respecto entre las mujeres moderadas de Israel y los ultra ortodoxos va en aumento. El grupo denominado “Las Mujeres del Muro” reivindican poder asistir los sábados a orar ante el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén al igual que hacen los hombres, en el mismo espacio y al mismo tiempo, pero los ultraortodoxos se niegan tajantemente. Las acusan de blasfemas, les tiran tazas de café caliente, las agreden mientras ellas, cubiertas con un manto blanco al igual que los hombres, persisten en su reivindicación.

En Jerusalén, los ultraortodoxos o “jaredíes” viven en un barrio reservado para ellos “Mea Shearim”, y otro tanto sucede en diversos lugares del mundo como Nueva York en Wiliamsburg. Hombres y mujeres no se relacionan con sus conciudadanos. No pagan impuestos, no tienen que hacer el Servicio Militar, y viven de las subvenciones del Estado y de determinadas organizaciones judías.

Tienen sus propias escuelas, sus centros de salud y sus sociedades de préstamo gratuito. Y por si alguien se desvía, en todas sus comunidades, dentro y fuera de Israel, tienen a las Shomrin, patrullas del vecindario, compuestas de voluntarios, que vigilan posibles irregularidades en la conducta de algún miembro de la comunidad religiosa.

En Jerusalén tuve ocasión de “asomarme” a Mea Shearim, un barrio viejo y sucio, cuyas paredes están invadidas de cárteles en donde se exige a los visitantes (que nunca son bien recibidos), que vistan “decentemente”, como puede verse en la fotografía adjunta, en la que figura escrito en árabe, inglés y hebreo:  A las mujeres y jóvenes que nos visiten, les rogamos de todo corazón: “Por favor no entren en nuestro barrio con vestidos inmodestos.La modestia exige blusas cerradas con manga larga. Falda  larga. No llevar pantalones. No a  los trajes ajustados. Por favor, no perturben la santidad de nuestra vecindad, y nuestro modo de vida, dedicado a Dios y su Torah”. Rabinos. Instituciones de bienestar y de la Torah. Consejos de residentes”

He aquí el testimonio de un visitante, tomado de internet: “No puedo decir, en absoluto, que visitar Mea Shearim sea algo placentero. En las menos de dos horas que estuvimos en el barrio fueron decenas las veces que nos sentimos intimidados y directamente insultados. Nuestro delito era únicamente estar allí y ser diferentes. Y en el caso de mi hermana, llevar pantalones.

 

Jun 12 2017

Las Cruzadas, origen de las Órdenes Militares. La leyenda negra de los Caballeros Templarios

 

La “Orden de los Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón”, también llamada “Orden del Temple”, y cuyos miembros fueron conocidos como caballeros templarios, fue la tercera de las órdenes fundadas durante las cruzadas y una de las más poderosas de la Edad Media. Su propósito original fue proteger las vidas de los cristianos que peregrinaban a Jerusalén tras su conquista.

Apenas creado el reino de Jerusalén y elegido rey Balduino I, tras la muerte de su hermano Godofredo de Bouillón, algunos de los caballeros que participaron en la Primera Cruzada decidieron quedarse a defender los Santos Lugares y a los peregrinos cristianos, ya que el monarca no contaba con recursos ni efectivos para la protección de los caminos.

El rey concedió a dichos caballeros ciertos derechos y privilegios, entre los que figuraba el alojamiento en su propio palacio, construido en el lugar donde estuvo en su momento el Templo de Salomón. Y cuando el monarca trasladó su sede a la Torre de David, les todas las instalaciones pasaron a su propiedad, con lo que pasaron a ser conocidos como “Orden del Temple” o “Caballeros Templarios”, Nueve años después de la creación de la orden en Jerusalén, en 1129 se reunió el llamado Concilio de Troyes, que se encargó de redactar la regla para la recién nacida Orden de los Pobres Caballeros de Cristo.

El patriarca latino de Jerusalén les impuso como regla la de los canónigos agustinos del Santo Sepulcro, creciendo rápidamente en tamaño y poder. Los caballeros templarios tenían como distintivo un manto blanco con una cruz roja “patada”. Se denomina cruz patada o paté, aquella cuyos brazos se estrechan en al centro y se ensanchan en los extremos. Los templarios cargaban en batalla siguiendo el estandarte de combate llamado “Beauçant”, blanco y negro, colores a su vez empleados por la Orden Hospitalaria. A su vez, aunque el manto que cubría a los caballeros era blanco con la cruz roja, la inmensa mayoría de las tropas templarias estaba constituida por “sargentos”, escuderos y peones de infantería, que empleaban una túnica negra con una cruz roja y que mantenían un importante poder político en la elección del maestre.

Militarmente, sus miembros pronto se encontraron entre las unidades mejor entrenadas de las que participaron en las cruzadas. Al mismo tiempo, los miembros no combatientes de la orden gestionaron una compleja estructura económica dentro del mundo cristiano. Crearon, incluso nuevas técnicas financieras que constituyen una forma primitiva de los modernos bancos.

En 1291 se produjo la Caída de Acre, en la que lucharon valientemente los últimos templarios. y que constituyó el fin de la presencia cruzada en Tierra Santa, pero no el fin de la orden, que mudó su cuartel general a Chipre, isla de su propiedad tras comprarla a Ricardo Corazón de León, pero que hubieron de devolver al rey inglés ante la rebelión de los habitantes. Los templarios intentaron reconquistar cabezas de puente en Tierra Santa. Fue la única de las órdenes de caballería que lo intentó. A la postre, este esfuerzo se revelaría inútil, no tanto por la falta de medios o de voluntad como por el hecho de que la mentalidad había cambiado y a ningún poder de Europa le interesaba conquistar los Santos Lugares. Los templarios quedaron aislados. La isla de Arwad, perdida en septiembre de 1302, fue la última posesión de la orden del Temple en Tierra Santa.

La pérdida de Tierra Santa derivó en la desaparición de los apoyos a la orden. Además, los rumores generados en torno a la ceremonia de iniciación de los templarios crearon una gran desconfianza.

Su poder económico suscitó una envidia por doquier que daría lugar a una auténtica “leyenda negra” de la Orden del Temple. Durante el proceso contra la Orden, se realizaron numerosas acusaciones, entre ellas el culto a Baphomet (una deidad adorada en la antigua Babilonia). En la lista de cargos reunidos contra los templario aparecen más de cien acusaciones. Las referentes a la idolatría eran entre otras: la adoración de un gato que se les aparecía en las asambleas, que en cada provincia había ídolos constituidos por cabezas, alguna con tres caras, y otras con una calavera humana; y que adoraban a esos ídolos, y los veneraban como a Dios; que decían que esa cabeza que podía salvarlos o hacerlos ricos, le dio la riqueza de la Orden, hizo que los árboles florecieran o que la tierra germinase, y que tocaban o rodeaban cada cabeza de los citados ídolos con pequeños cordones que luego se ceñían alrededor del cuerpo, cerca de la camisa o de la carne, actuando así como veneración a un ídolo.

Felipe IV de Francia, estaba fuertemente endeudado con la orden, entre otras causas por el préstamo que su abuelo Luis IX solicitó para pagar su rescate tras ser capturado en la Séptima Cruzada. Atemorizado por el creciente poder de los templarios, comenzó a presionar al pusilánime papa Clemente V, con el objeto de que tomara medidas contra sus integrantes. En 1307, un gran número de templarios fueron obligados a confesar bajo tortura y quemados en la hoguera. Y en 1312, el Papa cedió a las presiones de Felipe IV y disolvió la orden. Su abrupta erradicación dio lugar a especulaciones que han mantenido viva hasta nuestros días sórdidas leyendas de los caballeros templarios.

                                      

      Los Templarios contaban con una flota para el transporte de pasajeros y mercancías. Cuando comenzó la persecución de la Orden del Temple, los buques (13, según la mayoría de las fuentes) abandonaron el puerto de La Rochelle antes de que las autoridades galas las incautasen. Ese día marcó el inicio de un gran misterio pues la Historia nos dice que las naves partieron de Francia, pero que nunca más se supo de ellas. Es una incógnita que alimenta el halo misterioso de los templarios. No se sabe si se perdieron o atracaron en algún puerto desconocido….

Los documentos que sirvieron al Tribunal papal para decidir la suerte de los templarios se encuentran en el Archivo Secreto del Vaticano.. En 2001, la investigadora italiana Bárbara Frale los encontró y su estudio demostró que el papa Clemente V al principio no quiso condenar a los templarios, aunque finalmente, cediendo a las presiones del rey de Francia, Felipe IV, terminaría haciéndolo. Uno de los documentos del volumen “Proceso contra Templarios” presentado por la Santa Sede, corrige la leyenda negra sobre la orden, y muestra que todas las acusaciones fueron injurias de Felipe IV en beneficio propio, quedando únicamente como expresión de la conciencia personal del papa. En cambio, la postura oficial de la Iglesia fue la de la disolución de la Orden.

 

 

 

Jun 09 2017

La sociedad judía. La mujer (II)

Los deberes de la esposa consistían en atender a las necesidades de la casa. Debía moler, coser, lavar, cocinar, amamantar a los hijos, hacer la cama de su marido y, en compensación de su sustento, elaborar la lana, hilar y tejer; preparar la copa a su marido, lavarle la cara, las manos y los pies. Si había un banquete, las mujeres no tomaban parte en el mismo y ni tan siquiera podían servir la comida, ya que se temía que escuchasen las conversaciones y no fuesen discretas. Únicamente se les permitía asistir a la cena del sábado y al banquete de Pascua.

Cuando la mujer salía de casa, llevaba la cara cubierta con un tocado, que consistía en dos velos sobre la cabeza, una diadema sobre la frente con cintas colgantes hasta la barbilla y una malla de cordones y nudos; de este modo no se podían reconocer los rasgos de su cara. Una mujer no debía estar sola trabajando en el campo, sino que lo normal era que trabajaran juntas tres o más de ellas. Lo mismo ocurría cuando tenían que ir al pozo a buscar agua.

Solamente el marido tenía derecho a romper el matrimonio y exigir el divorcio. Si una mujer salía a la calle sin cubrirse la cabeza, ofendía hasta tal punto las buenas costumbres que su marido tenía el derecho y hasta el deber de echarla de la casa y divorciarse de ella. La mujer que perdía su tiempo en la calle hablando con unos y otros, o la que se ponía a hilar en la puerta de su casa, podía ser repudiada por su marido sin compensación económica alguna. Incluso cuando a la esposa se le quemara la comida, podía ser repudiada por el esposo. Si una novia tenía relaciones con otro hombre era considerada una adúltera y su castigo era la lapidación. Si la adúltera era una mujer casada, el castigo era el de la estrangulación. Pero para el hombre no había castigo alguno

La mujer no recibía instrucción religiosa ya que se suponía que era incapaz de comprenderla. Las escuelas eran solamente para varones. En el Templo, la mujer no podía pasar del atrio reservado a los gentiles y a las mujeres. En la sinagoga había unas barreras y un enrejado que separaban el lugar destinado a las mujeres. Más tarde se llegó incluso a construir para ellas una tribuna con una entrada particular. Las mujeres se limitaban únicamente a escuchar. No podían hacer la lectura porque era rarísimo que supieran leer y mucho menos se esperaba de ellas que pudieran hacer una enseñanza pública.

Dado el interés despertado por la situación de la mujer judía en tiempos de Jesús, me he permitido añadir una tercera parte, dado que, si todo lo expuesto. resulta sorprendente, más lo son si cabe las costumbres que aún permanecen vigentes entre los judíos ultraortodoxos, como tendremos ocasión de ver en la siguiente entrega.


Próxima entrega. La sociedad judía. La mujer (III)

 

 

 

 

 

 

 

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