May 26 2017

65. La sociedad judía. Los Gentiles

Los judíos se consideraban el pueblo elegido por Dios y rechazaban toda manifestación pagana. Por ello los gentiles eran considerados impuros. Se pensaba que el mero contacto con ellos era causa de impureza. Sus casas y todas sus pertenencias eran susceptibles de impureza ritual y consideradas «impuras». Sus pertenencias tenían que ser purificadas mediante inmersión en agua antes de que un judío pudiera utilizarlas. Algunas tenían que se escaldadas; otras se calentaban en el fuego al rojo vivo

Para evitar el riesgo de favorecer la idolatría, se prohibía a los israelitas llevar a cabo cualquier negocio con los gentiles durante los tres días anteriores a una festividad pagana: no se podía tomar ni hacer préstamos, hacer pagos o recibirlos de los gentiles. En el día de la festividad, el israelita ni siquiera podía frecuentar la ciudad en cuestión

Si la madera había sido extraída de un bosque dedicado al culto pagano, estaba prohibido servirse de ella . Si un horno había sido calentado con dicha madera había, que romperlo si era nuevo, y si era viejo, dejarlo enfriar por completo antes de usarlo. y si se había usado para cocer pan, éste no se podía comer. Igualmente se había hecho la lanzadera de un telar con madera “pagana”, tampoco se podía utilizar la tela. Y había un sinfín de cosas que podían contraer impureza por haberlas utilizado los gentiles o por no haber sido observadas las leyes de la pureza legal en el curso de su producción. Así, la mayor parte de los alimentos estaban prohibidos cuando procedían de los gentiles; por ejemplo, la leche ordeñada por un gentil, a menos que un judío hubiera presenciado la operación, y también el pan y el aceite, porque podían haber contraído impureza al haber sido vertidos en recipientes impuros.

Ningún judío observante de la Ley podía compartir la comida de los gentiles ni sentarse a la mesa con ellos. En consecuencia, los judíos de viaje por un país gentil se hallaban en una situación difícil. Si querían guardar estrictamente la Ley, habían de limitarse a consumir verduras y frutas crudas, como higos y nueces. La tierra era propiedad del pueblo elegido. Sólo los israelitas podían ser dueños de ella. Estaba prohibido alquilar casas o arrendar tierras a los gentiles. Todas estas prohibiciones para tratar de defender el judaísmo frente a la religión pagana, lograron su propósito. Pero no pudieron contrarrestar la cultura grecorromana que terminaría por ser pacíficamente asimilada por los judíos al correr del tiempo.


Próxima entrega: La sociedad judía. La mujer

May 23 2017

La caída de San Juan de Acre. El fin de las Cruzadas

 

En 1290 los restos del Reino de Jerusalén, reducidos a unas cuantas fortalezas a lo largo del Mediterráneo, cuya capital era San Juan de Acre, vivieron una época de paz y de renovado esplendor. Volvieron de nuevo las caravanas de los mercaderes de Damasco. Aquel año se recogió una buena cosecha en Galilea y los campesinos musulmanes abarrotaron con sus productos los mercados de Acre.
En agosto, en plena prosperidad, llegaron los cruzados italianos. Desde que arribaron constituyeron un problema para las autoridades. Eran desordenados, bebedores y pendencieros. Alegaban que habían ido a luchar contra el infiel, y por ello comenzaron a atacar a los mercaderes, a los campesinos y a los ciudadanos musulmanes de Acre.Tras un banquete acompañado de copiosas libaciones, los recién llegados se dispersaron por las calles, acosando y degollando sin piedad a todo el que llevase barba. La turba cristiana se precipitó por las calles de la ciudad y los suburbios, matando a todos los musulmanes que encontraban. Los caballeros de las órdenes estaban horrorizados ante la carnicería, pero todo lo que pudieron hacer fue salvaguardar a algunos musulmanes en sus castillos y arrestar a los cabecillas.
Estos hechos dieron al sultán mameluco, Qalawun Malik Al-Mansur, el pretexto que necesitaba para atacar la ciudad. El Sultán, que murió en noviembre de 1290 fue sucedido por su hijo Khalil Al-Ashraf, quien juró a su padre, en su lecho de muerte, terminar la empresa que él dejó inconclusa.
Algunas fuentes cristianas afirman que el sultán tenía bajo su mando 60.000 soldados de infantería y unos 20.000 de caballería, cifras sin duda exorbitantes pero que junto a las 72 catapultas de que disponían, demostraron ser muy superiores a las defensas de la ciudad: 14.000 soldados a pie y 800 caballeros, además de 2.000 hombres que zarparon desde Chipre. Se estima que la población de Acre en la época oscilaba entre los 30.000 y los 40.000 habitantes.
La Ciudad Real de San Juan de Acre estaba situada de espaldas al mar Mediterráneo, rodeada de agua por el sur, por el este y por el oeste, formando una pequeña península, y dominaba la bahía que llevaba su nombre. Tenía una doble fila de murallas y doce torres. El castillo del rey, ocupado por la Orden del Hospital, estaba pegado a la muralla interior.
Los cristianos, conscientes de su inferioridad, enviaron al campamento musulmán una embajada para negociar la paz. Pero el Sultán, sin dejarles entrar, les preguntó si traían las llaves de la ciudad. Ante la respuesta negativa de los emisarios, Khalil se negó a negociar; sólo aceptaría la rendición incondicional. El 7 de abril comenzó el asedio. Los gritos de los asaltantes fueron acompañados por el batir de los tambores y el sonar de las trompetas. Las catapultas comenzaron a lanzar rocas sobre los muros de la ciudad, destruyendo casas, templos y calles. Simultáneamente, una lluvia de flechas incendiarias, saetas y jabalinas prendió con fuego los tejados de paja o madera, provocando el pánico de los habitantes .
8 días después, el 15 de abril, los templarios y hospitalarios que se hallaban acuartelados al norte de Acre, intentaron un ataque nocturno por sorpresa contra el ejército mameluco. Inicialmente la sorpresa funcionó pero, al cabo de apenas unas horas, las fuerzas cristianas se vieron obligadas a retirarse. Los zapadores musulmanes avanzaron bajo los muros con extraordinaria rapidez, al tiempo que toda la muralla exterior se derrumbó ante el bombardeo incesante de las catapultas. El día 18, las tropas del Sultán abrieron brecha en la Torre Maldita, por donde irrumpieron los mamelucos, rechazando a los defensores hasta la muralla interior. Repitiendo la táctica intimidatoria inicial, Al-Ashraf ordenó el asalto definitivo acompañado de un importante número de tambores, trompetas y timbales. Los arqueros prepararon el camino a la primera línea de atacantes. compuesta por escuadrones suicidas. Muy pronto numerosos los musulmanes corrían ya por toda la ciudad.


Al ver que la ciudad estaba irremediablemente perdida, el miedo se contagió a la aterrorizada población, que huyó presa de pánico hacia los muelles, intentando caóticamente encontrar sitio en los pocos barcos disponibles. Como los habitantes eran muchos y los barcos muy pocos, no había suficiente lugar para todos, con lo que algunos fueron abordados y sobrepasados por el excesivo peso de la gente.
En total, el asedio de Acre duró sólo seis semanas, comenzando el 6 de abril y terminando con la caída de la ciudad el 18 de mayo. La Caída de San Juan de Acre, último reducto importante en manos cristianas del Reino de Jerusalén es, para los historiadores, el acontecimiento que marcó el fin de las Cruzadas.
En cuestión de meses, las ciudades restantes en poder de los cruzados cayeron con facilidad, incluyendo Sidón (14 de julio), Jaffa (30 de julio), Beirut (31 de julio), Tortosa (3 de agosto) y Atlit (14 de agosto). La última en caer fue la pequeña isla de Arwad, o Rwad, en las cercanías de Tortosa, que se mantuvo en manos cristianas hasta 1302.

May 23 2017

64. La sociedad judía (III)

 

El Pueblo era la clase social inferior. Pertenecían a este grupo jornaleros, curtidores, carniceros, pastores y todos aquellos cuyos oficios eran considerados impuros. Era la gran masa del país. No conocían la Ley más que en lo fundamental y ni siquiera eso cumplían.

Los Samaritanos eran los habitantes de la región de Samaria. Cuando las tribus de Israel fueron llevadas en cautiverio a Asiria, el rey de Asiria mandó poblar Samaria con distintos pueblos procedentes de su reino que eran idólatras, y que al mezclarse con los nativos acabaron adoptando una religión que era una mezcla de judaísmo e idolatría, llegando a construir un templo en el “Monte Gerizim,” insistiendo en que había sido señalado por Moisés como el lugar donde debe adorar la nación.

Los Samaritanos recibieron solamente los cinco libros de Moisés y rechazaron los escritos de los profetas y todas las tradiciones judías. Por otra parte Samaria se convirtió en un lugar de refugio para todos los forajidos de Judea. Los violadores de las leyes judías y quienes habían sido excomulgados encontraron seguridad en Samaria. Todo ello se tradujo profundo odio entre samaritanos y judíos, y surgió una diferencia irreconciliable entre ellos, por lo que los judíos consideraron a los samaritanos como lo peor de la raza humana y no se trataban con ellos.

Samaritanos
Las diferencias sociales eran muy acusadas, con una serie de grupos marginados por distintas causas: religiosas, morales o racistas, a los que había que sumar las mujeres. Determinados enfermos, sobre todo de la piel (leprosos), y de enfermedades mentales, se veían apartados de toda vida social, incluso de la religiosa. Los minusválidos (cojos, ciegos, paralíticos,…) frecuentemente convertidos en mendigos, eran otro tipo de marginados. Los Publicanos eran marginados porque cobraban los tributos por encargo de los romanos. Como el dinero que cobraban superaba los impuestos para quedarse con una ganancia, cometían muchos abusos y el pueblo en general los odiaba y los acusaba de ladrones. Y también eran discriminados los gentiles, por razón de su raza. Se denominaba Gentiles a quienes no eran de raza ni fe judías. Los escritores judíos generalmente aplicaban estos términos a las razas y naciones que no descendían de Abrahán subrayando así la diferencia espiritual y racial entre los israelitas y las diversas naciones paganas que los rodeaban.


Próxima entrega. Los gentiles

May 01 2017

Las Cruzadas menores. La reconquista de Jerusalén.

Tras el fracaso de la cuarta Cruzada, el espíritu cruzado se había apagado casi por completo, pese al interés de algunos papas y reyes por reavivarlo. Se cuenta que en 1212 un predicador de 12 años organizó la llamada “Cruzada de los niños” en la que miles de niños y jóvenes recorrieron Francia y embarcaron en sus puertos para ir a liberar Tierra Santa. Fueron capturados y vendidos como esclavos. Esta historia fue muy popular en la Edad Media, pero hay historiadores que creen que es un cuento exagerado, o un mito.

 

LA QUINTA CRUZADA

La Quinta Cruzada fue proclamada por Inocencio III en 1213 y partió bajo los auspicios de Honorio III, uniéndose al rey cruzado Andrés II de Hungría, quien llevó hacia oriente el ejército más grande en toda la Historia de las Cruzadas. Como la IV Cruzada, tenía como objetivo conquistar Egipto. Tras el éxito inicial de la conquista de Damieta en la desembocadura del Nilo, que aseguraba la supervivencia de los Estados francos, a los cruzados les pudo la ambición, e intentaron atacar El Cairo, fracasando y debiendo abandonar incluso lo que habían conquistado, en 1221.

 

LA SEXTA CRUZADA

El papa Honorio III ordenó al emperador Federico II Hohenstaufen, casado con Yolanda (también llamada Isabel II) de Jerusalén, que fuera a las cruzadas como penitencia. El emperador asintió, pero demoró tanto la partida, que le valió la excomunión. Finalmente, el emperador (que tenía pretensiones propias sobre el trono de Jerusalén) partió en 1228 sin el permiso papal. Sorprendentemente, Federico II consiguió recuperar Jerusalén mediante un acuerdo diplomático con el Sultán de Egipto y Siria, y también obtuvo Belén y Nazaret. exceptuando la Cúpula de la Roca, sagrada para el Islam, acordando una tregua de 10 años. A pesar de la oposición del papa, Federico se autoproclamó Rey de Jerusalén en 1229, actuando legalmente como regente de su hijo Conrado IV de Alemania, que era a quien correspondía dicho título, por herencia de su madre, fallecida el mismo año en que Federico II partió para Tierra Santa.

      

LA SÉPTIMA CRUZADA

Cinco años de cumplirse la tregua de diez años acordada en la Sexta Cruzada, los musulmanes conquistaron y saquearon Jerusalén en 1244. La llamada a una nueva Cruzada no fue ni inmediata ni generalizada. Solamente el rey Luis IX de Francia (el futuro San Luis) declaró su intención de tomar la cruz en diciembre de dicho año. Poco después el papa Inocencio IV convocó la Séptima Cruzada. Luis IX tuvo que recaudar impuestos especiales para sufragarla  y tardó tres años en estar listo para empezar la campaña. Los cruzados fueron en primer lugar a Chipre, donde decidieron que su objetivo sería Egipto por considerar que era la provincia más rica y vulnerable de los territorios musulmanes, y que, si conquistaban Damieta, en el delta del Nilo. quizá podrían intercambiarla por Jerusalén, como el sultán ya había propuesto durante la quinta cruzada. pero fueron derrotados y Luis IX hecho prisionero con todo su ejército

       La       L

 

OCTAVA CRUZADA

Entre los años 1265 y 1268, los egipcios mamelucos conquistaron una serie de territorios cristianos en el litoral de Palestina y del Líbano, incluido el Principado de Antioquía, que había sido cristiano durante 160 años. El rey de Francia Luis IX (San Luis), lanzó una nueva iniciativa armada, la Octava Cruzada, en 1270. El objetivo, curiosamente en esta ocasión fue Túnez. Luis IX partió para Egipto, y de allí se dirigió después a Túnez, con la esperanza de convertir al emir de la ciudad y al sultán al cristianismo. La expedición de San Luis terminó en tragedia. No llegó siquiera a tener oportunidad de combatir, ya que apenas desembarcaron las fuerzas francesas en Túnez, fueron acometidas por la peste, segando incontables vidas entre los cristianos, entre ellos San la de San Luis y uno de sus hijos. Su heredero, Felipe el Audaz, firmó un tratado de paz con el sultán y regresó a Europa.

 

LA NOVENA CRUZADA

 novena cruzada. emprendida por el futuro Eduardo I de Inglaterra, comenzó con las noticias de que el Sultán Mameluco de Egipto, había reducido los restos del Reino de Jerusalén, a una pequeña franja de tierra entre Sidón y Acre. Eduardo, que había participado en el fracaso de la Octava Cruzada, se trasladó desde Túnez a Tierra Santa. Tras una serie de batallas, cuando estaba preparando el ataque a Jerusalén, le llegó la noticia de la muerte de su padre, Enrique III, y como heredero al trono, decidió regresar a Inglaterra, firmando un tratado de paz en 1272, con el que concluyó la Novena y última de las Cruzadas de la Edad Media. La presencia cristiana quedaba reducida al condado de Trípoli, a San Juan de Acre como “capital del Reino de Jerusalén”, y pocos lugares más.

 

 

 

 

 

 

Abr 28 2017

La sociedad judía. La escala social (II)

Unos 7.000 Sacerdotes se encargaban de atender el Templo. Cabe distinguir tres grupos: los de origen saduceo (la aristocracia), que realizaban las funciones de culto en el templo de Jerusalén, los sacerdotes rurales, que vivían de algún oficio. Su nivel socioeconómico era bajo. Los levitas eran los ayudantes de los sacerdotes, y su nivel era aún más bajo

Los Escribas tenían como misión explicar y actualizar la Ley en función de los nuevos tiempos. Eran hombres piadosos que conocían bien la Ley y la cumplían a rajatabla ayunos, penitencia, oración, etc.). Ejercían una enorme influencia entre el pueblo, hasta el punto de que los jefes religiosos seguían siempre sus consejos. Pertenecían a la clase media y al partido de los fariseos, nacionalistas y hostiles a los romanos. Los más apreciados por la mayoría del pueblo eran los fariseos. Su nombre, en hebreo perushim, significa «los segregados». Dedicaban su mayor atención a las cuestiones relativas a la observancia de las leyes de pureza ritual incluso fuera del templo Junto a la Ley escrita (Torah o Pentateuco), fueron recopilando una serie de tradiciones y modos de cumplir las prescripciones de la Ley, a las que se concedía cada vez un mayor aprecio hasta que llegaron a ser recibidas como Torah oral, atribuida también a Dios.

Los Publicanos eran los recaudadores de impuestos, trabajo que obtenían por subasta. Tenían mucho poder, pero eran mal vistos por el pueblo que consideraba que abusaban de su posición y se quedaban con dinero. Obtenían su puesto por arrendamiento, y su concesión representaba un cargo de alto prestigio y responsabilidad. Otra actividad complementaria de los publicanos era constituir «compañías comerciales» que operaban en las provincias y cuyas «sedes» estaban en Roma. Existía cierto grado de monopolio y opacidad.

Los Esenios, “los devotos, los silenciosos” eran una especie de monjes austeros y sacrificados, que vivían en comunidades monásticas en el Qmrán; cerca del Mar Muerto. Rezaban y meditaban sobre las Escrituras, esperando la venida del Mesías. Observaban el sábado religiosamente.

Los Zelotes eran un movimiento extremista y armado. Pertenecían a las capas más pobres del pueblo. No se enfrentaban directamente con el ejército romano, sino que organizaban revueltas y asesinatos aprovechando las fiestas y reuniones populares. Entre los seguidores de Jesús había antiguos zelotes: Simón el zelote, Judas Iscariote…

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