Nov 11 2016

39. La Iglesia Ortodoxa. El Cisma de Oriente (II). Algunas diferencias doctrinales y litúrgicas.

      La Iglesia Ortodoxa reconoce e interpreta el nacimiento de Jesús prácticamente igual que la Iglesia Católica, con algunas diferencias doctrinales. En primer lugar, en relación con la Virgen María. Los católicos afirman que la Virgen fue “sin pecado concebida”. La Iglesia Ortodoxa cree y enseña que fue concebida  de manera natural, como cualquier ser humano. Es decir que María no nació santa, sino que se hizo santa. Sólo consideran inmaculado el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, coincidiendo con los católicos en que fue concebido por obra del Espíritu Santo, y dado a luz milagrosamente.

      Para los católicos el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, mientras que para los ortodoxos solamente procede del Padre. El Credo, declaración dogmática de los principios básicos de la fe cristiana, se formuló en los concilios de Nicea y Constantinopla en el siglo IV, diciendo “Creo en el Espíritu Santo, que procede del Padre”. En el Concilio de Toledo del siglo VI se añadió “y del Hijo” , aunque durante mucho tiempo fue rechazado por los Papas, no siendo aceptado hasta el siglo XI. Los ortodoxos mantuvieron el Credo original, sin alteración, y esta discrepancia provocó el Cisma de Oriente.

     Para los ortodoxos no existe el “pecado original”; lo que existe es el “pecado ancestral”. Dios dotó al ser humano de “libre albedrío”, le dio el poder de elegir entre hacer lo bueno (vivir en el amor de Dios) o hacer lo malo (alejarse del amor de Dios). La inclinación natural a hacer el mal es lo que llaman el “pecado ancestral”. La Iglesia Ortodoxa tampoco cree en la existencia del Purgatorio. Cree que las almas después de la muerte esperan el Juicio Final, al recordar las palabras de Jesús al buen ladrón: “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

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     Por otra parte existen una serie de diferencias litúrgicas entre las que cabe señalar las siguientes: el Bautismo ortodoxo tiene lugar por inmersión en la pila bautismal. La Confirmación se recibe conjuntamente con el Bautismo. En la Comunión, los ortodoxos evocan al Espíritu Santo y al comulgar reciben siempre pan (normal, no ácimo), y vino. La comunión puede recibirse desde el momento del bautismo; no existe, por tanto “la Primera Comunión” al estilo de los católicos. Los curas ortodoxos pueden casarse, si lo desean, si bien en ese caso no pueden llegar a ser obispos. Los sacerdotes católicos pueden decir varias misas el mismo día y sobre el mismo altar, y los ortodoxos, no. La cruz ortodoxa tiene ocho brazos en vez de cuatro: el brazo vertical lleva tres travesaños.

      La manera de santiguarse es distinta; los ortodoxos se santiguan de derecha a izquierda. En la liturgia, los ortodoxos utilizan la lengua llamada Arjaísusa, que es la lengua a la que se tradujeron los Evangelios -que estaban escritos en arameo- en el siglo I ó II. Recordemos que hasta el Concilio Vaticano II, los sacerdotes católicos celebraban la misa en latín. En la Iglesia Ortodoxa no existen congregaciones, ni órdenes religiosas, y en sus templos no hay imágenes sagradas, sino iconos.


Proxima entrega: La Iglesia Ortodoxa Rusa. El bautismo

Nov 04 2016

38. La Iglesia Ortodoxa. El Cisma de Oriente (I)

 

    El adjetivo “ortodoxo” significa en griego “doctrina recta” (del griego ortós: recto y doxa: doctrina). Su denominación oficial es la de Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa, mientras que la de la Iglesia Católica es Iglesia Católica Apostólica y Romana. Abreviadamente, ha prevalecido en la primera la calificación de “Ortodoxa”, y en la segunda la de “Católica”.

        La separación entre ambas Iglesias se consumó en 1054, con el llamado Cisma de Oriente, o Gran Cisma, tras un largo periodo de discrepancias y tensiones. En primer lugar respecto al Credo, que inicialmente decía “Creo en el Espíritu Santa, que procede del Padre” y al que los católicos añadieron “y del Hijo”, mientras que los ortodoxos mantuvieron la versión original. Por otra parte, el Papa exigía autoridad sobre toda la cristiandad, mientras que para los Patriarcas de Oriente sólo podía aspirar a ser un “Primus inter pares”. Las Iglesias de Oriente no quisieron seguir subordinadas a Roma y decidieron separarse, nombrando su propio Patriarca. Al mismo tiempo, en su mayor parte, decidieron rechazar el calendario gregoriano, y continuar con el juliano.

      La Iglesia Ortodoxa no tiene una autoridad universal comparable al Papa de Roma. Las diferentes ramas nacionales son ‘autocéfalas‘, es decir que dependen cada una de un patriarca o de un sínodo de obispos propios, que pueden resolver por sí mismos todos sus asuntos internos, teniendo la capacidad jurídica de nombrar y remover a sus obispos. Una de las consecuencias del Cisma fue que la celebración de la Navidad tiene lugar hasta en cuatro fechas distintas, dado que algunas iglesias siguen el calendario gregoriano, y otras el juliano. Así griegos, rumanos, búlgaros, albaneses, finlandeses y chipriotas la celebran el 25 de diciembre; armenios, coptos y siriacos el 5 de enero; rusos y serbios el 6 de enero, y el Patriarcado armenio de Jerusalén, aún más tarde, el 19 de enero.

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                                                             Bartolomé I, Patriarca de Constantinopla

      El ámbito de jurisdicción de cada Iglesia se determina, en principio, territorialmente; suele hablarse del “territorio canónico” de una determinada Iglesia. Las relaciones entre ellas se establecen siguiendo una precedencia de honor, que responde a razones, sobre todo, de tipo histórico. El primer lugar corresponde al Patriarcado de Constantinopla..

     Existen catorce iglesias autocéfalas que viven en plena comunión de fe y vida sacramental. Nueve tienen estatuto de patriarcado. Cuatro de ellas datan del primer milenio (Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén), a las que se suman otras cinco (Rusia, Georgia, Serbia, Rumanía y Bulgaria). Y hay siete más presididas por un arzobispo o un metropolitano (Chipre, Grecia, Polonia, Albania, Chequia, Eslovaquia, y América).


Próxima entrega: El Cisma de Oriente (II). Diferencias doctrinales y litúrgicas.

Oct 28 2016

37. El Monte Athos y la “Venganza catalana”

      En el artículo anterior aparece mencionado el denominado “Tesoro del Monte Athos”, que incluye el famoso icono del nacimiento de Jesús de Teófanes el Cretense. Esto trae a mi memoria un hecho singular. Tuve ocasión de visitar en 1993 la República Teocrática del Monte Athos (cuya denominación oficial es Estado Monástico Autónomo de la Montaña Sagrada), situada en la península calcídica en Macedonia, donde sólo se accede por mar. Se permite la entrada a 120 personas al día (110 griegos y 10 extranjeros, todos ellos varones). A los extranjeros se les pone un límite inicial de 4 días de visita. La única forma de entrar es obteniendo el diamonitrion ( permiso) que se tramita en Tesalónica y se retira en los pueblos griegos de Ouranopolis o Ierissos, situados a ambos extremos del canal de Jerjes.

      Es bien conocido que en el Monte Athos está vedado el acceso a las mujeres y a los animales hembra, con una sola excepción: las gallinas. Pero hasta fechas muy recientes no sólo estaba prohibido a mujeres y animales hembra, sino también…. durante siete siglos, a los catalanes. ¿Porqué?. Porque en 1305, Roger de Flor y 100 de sus hombres morían, asesinados a traición, durante una comida a la que habían sido invitados por el emperador bizantino Miguel IX. Como represalia, los almogávares se dedicaron a saquear y devastar a sangre y fuego cuanto encontraron a su paso en Tracia y Macedonia, matando a todos los hombres y mujeres mayores de 10 años, dando lugar a lo que la Historia conoce como “La Venganza Catalana”. Y entre sus acciones estuvo el saqueo e incendio de varios monasterios del Monte Athos, degollando a numerosos monjes. Por ello tenían vedado el acceso los ciudadanos catalanes.

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      Así, en 1993, cuando el cantautor Josep Tero se presentó únicamente como “catalán” y no como español, el monje que le recibió, reaccionó con indignación y le prohibió la entrada, echándole con cajas destempladas fuera de las murallas. No tuvo más remedio que pasar aquella noche durmiendo al raso bajo un olivo, hasta la llegada del barco el día siguiente. Al enterarse de este hecho, Pascual Maragall, Presidente de la Generalidad de Cataluña, se puso en contacto con el Monte Athos, y llegó a un acuerdo con los monjes por el cual, en 2005, pagó 240.000 euros, en concepto de “reparación por daños de guerra” para la reconstrucción de un templo, levantándose, a partir de entonces, una prohibición que había durado siete siglos.

      Lo que no podrá evitar el pago de los 240.000 euros, por el momento, es que en gran parte de los países balcánicos exista el insulto de “hijo de catalana” (cuyo significado es obvio), que en algunos de ellos “catalán” sea sinónimo de “monstruo”, y que. en más de uno persista el recuerdo de estas acciones bajo la figura del Katalán, un guerrero-gigante sediento de sangre que se usa para asustar a los niños. Todavía hoy, si un griego quiere maldecir a otro, le increpa diciendo: “Ójala te alcance la venganza de los catalanes


Próxima entrega. La Iglesia Ortodoxa. El Cisma de Oriente (I).

Oct 21 2016

36. Los iconos ortodoxos del nacimiento de Jesús

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      Esta imagen corresponde al icono del nacimiento de Jesús de Teófanes de Creta (siglo XV), del Tesoro del Monte Athos, y constituye el modelo y referencia de todos los iconos ortodoxos griegos en los que se representa la Natividad del Señor. Todos contienen de una u otra forma, los mismos personajes y elementos que figuran en el icono de Teófanes.

      El icono ortodoxo del nacimiento de Jesús nos pone en comunión con el misterio de la Navidad. Se presentan diversas escenas, como si se tratase de una fotocomposición de varias de ellas simultaneas. Y sus protagonistas tienen nombre concreto y una misión que cumplir.

       La Virgen María ocupa el centro de la escena y no mira hacia el Niño, mira hacia nosotros. Está revestida de la púrpura divina como Madre de Dios – Theotokos. Puede aparecer de rodillas o yacente. En algunos iconos aparece con los pies atados para significar que no dio a luz como el resto de las mujeres, sino que su alumbramiento fue milagroso y virginal.

    Junto a María se encuentra la cuna con el Niño, que en vez de estar envuelto en pañales, parece estar amortajado, como prefiguración de su muerte. Sobre Él cae un haz luminoso. Le acompañan el asno y el buey, a los que se ve dentro de la oscuridad de la cueva, simbolizando la oscuridad del mundo. El monte, la roca, en ocasiones aparece con dos cumbres, que evocan la doble naturaleza, humana y divina, de Cristo.

      En lo alto, en la parte derecha, un ángel anuncia a los pastores el nacimiento de Jesús. Éstos le contemplan expectantes. A la izquierda se puede ver un coro de ángeles, mientras en lontananza aparecen los Magos montados a caballo, acudiendo presurosos a adorar al Niño Dios.

      Como se ve, San José no aparece junto al Niño y la Virgen. Esta es una característica peculiar de los iconos ortodoxos. Y es que se encuentra en la parte inferior izquierda, frente a un personaje siniestro, vestido de pastor, que representa al demonio, tentándole para que dude de la virginidad de María. Y completan el icono, abajo, a la derecha, dos comadronas, inspiradas en los evangelios apócrifos, que lavan en una pila los pañales del Niño.


Próxima entrega: El Monte Athos y la Venganza Catalana

Oct 14 2016

35. La Iglesia Ortodoxa. Los iconos

      La Iglesia Ortodoxa no permite la reproducción de figuras sagradas en tres dimensiones. Sólo se permite hacerlo en dos, sobre una superficie plana: madera, lienzo, pared, metal, o en altorrelieve. Es así como surgen los iconos, palabra de origen griego que significa “imagen”. Ocupan un lugar preeminente en los templos ortodoxos, y uno de los temas recurrentes es el del nacimiento de Jesús. Se emplean como ayuda para la oración. El creyente reza en presencia del icono; no le reza al icono.

     Antes de referirnos al caso concreto de los iconos en que se representa el nacimiento de Jesús, señalaremos algunas de sus características. Los iconos constituyen un extraordinario testimonio artístico y religioso. De acuerdo con la tradición, en el pasado sus autores debían ayunar, rezar, limpiar la casa y cambiarse de ropa antes de iniciar la obra. Hay normas detalladas de cómo se deben venerar los iconos, del contenido litúrgico de las imágenes, de sus referencias a los textos bíblicos y el tipo de persona que debiera ser el pintor. Cada personaje, cada color, el tipo de madera o el uso del oro y la plata encierran un simbolismo especial. En todos aparece la misma clave para su contemplación: el juego de miradas. El punto de fuga de un icono está fuera, se sitúa en nuestra mirada, porque el objetivo del icono es adentrar al que mira, en el Misterio de Dios.

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      Cada color tiene su significado. No se mezclan los colores. El color básico es el oro. Con unas finas líneas doradas sobrepuestas a las capas de pintura se perfila la Faz Divina, el cabello y los vestidos de los santos. En los iconos más antiguos sólo llevan luz dorada Cristo y los ángeles. El oro es brillante, refleja el resplandor de Dios.

    El blanco es reflejo de la luz. Es el color que se aplica a la túnica de Cristo en la resurrección, en la transfiguración. El azul está presente en la túnica de la Virgen, en el manto del Pantocrátor, las vestiduras de los apóstoles. Cuando es celeste simboliza la sabiduría y realeza. El rojo es el color de la sangre y del fuego que expresa el amor, el sacrificio y la belleza. El rojo cinabrio proyecta el fuego divino.

      El verde es el color de los profetas y el de San Juan Evangelista. El púrpura azulado es el signo del sumo sacerdote judío, y el púrpura rojizo es símbolo del poder. Aparece en mantos y túnicas de Dios y de la Virgen. El marrón representa humildad y pobreza. El negro se aplica a los condenados en el Juicio Final y al demonio. También son negras la gruta de la Natividad de Jesús y la tumba de Lázaro; o el infierno del icono de la Resurrección. El aspecto oscuro de algunos iconos se debe al barniz de aceites vegetales –olifa-, la suciedad y el hollín.


Próxima entrega;: Los iconos ortodoxos del nacimiento de Jesús

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