Mar 22 2016

6.- Fundación de la Orden Mendicante de los Hermanos Menores.

             Tras su renuncia a los bienes materiales y el enfrentamiento con su padre, Francisco partió en busca de un sitio para establecerse. Pasó a vivir como un mendigo, pidiendo limosna. Cuando llegó a Gubbio, una persona que le conocía le llevó a su casa y le regaló una túnica, un cinturón y unas  sandalias de peregrino. Francisco los usó dos años, al cabo de los cuales volvió a Asís, para reparar la iglesia de San Damián.

             Después se trasladó a una pequeña capilla, llamada Porciúncula, que pertenecía a la abadía benedictina de Monte Subasio, que estaba en muy mal estado, y que le fue concedida por el abad, con la condición de hacer de ella la iglesia madre de su familia religiosa. Probablemente el nombre de la capilla aludía al hecho de que estaba construida en una reducida parcela de tierra.

            En esta iglesia, en 1208, San Francisco oyó la llamada de Jesús para que eligiera una vida de absoluta pobreza. Regaló sus sandalias, su báculo y su cinturón, y se quedó únicamente con la pobre túnica, ceñida con un cordón. Este fue el hábito que dio a sus hermanos un año más tarde: el sayal de lana burda de los pastores y campesinos de la región. La Porciúncula se convirtió en el hogar de San Francisco y de sus primeros discípulos. Allí fundó la orden mendicante de los “Hermanos Menores”. Desde aquel momento nunca la han abandonado los frailes franciscanos,

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          Pronto tuvo numerosos seguidores. Su primer discípulo fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, que vendió cuanto tenía y repartió el dinero a los pobres. Pedro de Cataneo, canónigo de la catedral de Asís pidió también que le admitiese, y el Santo les impuso el hábito a los dos juntos. El tercer compañero de San Francisco fue el hermano Gil, famoso por su gran sencillez y sabiduría.

          En 1210, cuando el grupo contaba ya con doce miembros, Francisco redactó una Regla Breve que consistía principalmente en consejos evangélicos para alcanzar la perfección. Con ella viajaron a pie hasta Roma a presentarla al Papa, para su aprobación.

         En Roma no querían admitir esta comunidad porque les parecía demasiado rígida, pero el Cardenal Juan Colonna dijo “No les podemos prohibir como lo mandó Cristo en el Evangelio”. Y finalmente Inocencio III les dio su aprobación, y regresaron a Asís a vivir en pobreza y oración en su iglesia de la Porciúncula.

          Hoy en día la pequeña capilla donde comenzó el movimiento franciscano, se encuentra dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles, a unos cuatro kilómetros de la ciudad de Asís. En su recuerdo se conoce también con el nombre de porciúncula a numerosos monasterios franciscanos.

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Próxima entrega: Las tres Ordenes franciscanas

Mar 12 2016

5.-De Giovanni di Bernardone a Francisco de Asís.

   La figura de San Francisco, a quien debemos el primer Belén de la Historia, y Patrón de los belenistas,  bien merece que conozcamos, con cierto detalle su ingente obra.

   En 1181 nacía en la ciudad de Asís, en la Umbría, en el seno de una familia de ocho hermanos, Giovanni Pietro di Bernardone, que pasaría a la Historia con el nombre de San Francisco de Asís. Era hijo de una noble dama francesa, Pica Bourlemont – natural de la Provenza – , y de un rico comerciante de paños de la burguesía de Asís –Pietro Bernardone dei Moriconi – que viajaba frecuentemente a Francia a las ferias locales, haciéndose acompañar del pequeño Giovanni. Y era tal la admiración que éste último sentía por todo lo francés que, al parecer, fue su propio padre quien le puso el apodo de “Francesco”, el francesito.

                De joven sólo le interesaba gozar de la vida. Disponía de dinero, que gastaba con ostentación, si bien era generoso con los pobres. No le interesaban los estudios ni los negocios de su padre. Con 20 años participó en la guerra entre Asís y Perugia cayendo prisionero y permaneciendo cautivo un año. Tras superar una grave enfermedad, decidió enrolarse en el ejército papal contra el Imperio. Pero nunca llegó al frente de batalla. De nuevo cayó enfermo, y durante la enfermedad creyó oír una voz celestial que le exhortaba a “servir al amo y no al siervo”. Y Francisco obedeció.

                Se cuenta que en cierta ocasión encontró a un leproso. Las llagas del mendigo aterrorizaron a Francisco; pero, en vez de huir, se acercó a él que le tendía la mano para recibir una limosna. A pesar de su repulsa natural, se le acercó y le dio un beso. Aquello cambió su vida. A partir de entonces, comenzó a visitar y servir a los enfermos en los hospitales. Algunas veces regalaba a los pobres sus vestidos; otras, el dinero que llevaba.   En cierta ocasión, mientras oraba en la iglesia de San Damián en las afueras de Asís, le pareció que el crucifijo le repetía tres veces: “Francisco, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas”.

                Francisco partió inmediatamente, tomó una buena cantidad de vestidos de la tienda de su padre, los vendió junto con su caballo y llevó el dinero al pobre sacerdote que se encargaba de la iglesia de San Damián, el cual consintió en que Francisco se quedase unos días con él, pero se negó a aceptar el dinero.

                Su padre, que ya le había reprochado sus gastos excesivos, lo llevó ante el obispo Guido de Asís, para revocarle la herencia. Ante la actitud de su padre, Francisco renunció por sí mismo a la fortuna de su familia y a cualquier otro bien material. Acto seguido se quitó sus vestidos y se los entregó a su padre. El Obispo le regaló un viejo vestido de labrador, que pertenecía a uno de sus siervos. Francisco trazó sobre él la señal de la cruz y se lo puso. A partir de ese momento se retiró a orar. Comenzaba su obra.

RENUNCIA


Próxima entrega: Fundación de la Orden Mendicante de los Hermanos Menores.

Mar 10 2016

4.- Del belén de Greccio a los belenes populares

La representación del nacimiento de Jesús en Greccio en 1223, promovida por Francisco de Asís, fue el punto de partida de un fenómeno extraordinario de difusión del culto a la Natividad, que pronto tuvo una enorme repercusión en toda Europa, extendiéndose a través de los padres franciscanos y las madres clarisas, que imitaron a su fundador en sus iglesias y conventos.

Siguiendo el ejemplo de San Francisco, en un primer momento el belén fue una representación viviente que tenía lugar en las iglesias y conventos el día de Navidad. Muy pronto la escena de la Natividad se convirtió en tema predilecto y fuente de inspiración de pintores como Giotto, con su maravilloso fresco de la catedral de Asís, o de escultores como Nicola Pisano y su hijo Giovanni, cuyas obras se encuentran en la catedral de Pisa, esculpidas en grandes retablos, que se convertirían al mismo tiempo en objeto de culto.

Y en un momento dado se produce un hecho que resultaría definitivo. En las pinturas o retablos, las figuras son prisioneras del material en que se inscriben: el lienzo, la pared, la piedra, la madera. Pero en 1289 Arnolfo di Cambio (1240-1310), discípulo de Nicola Pisano, que había colaborado también con su hijo Giovanni, da autonomía a las figuras, esculpiendo por separado las imágenes de la Sagrada Familia y los Reyes Magos – colocadas inicialmente en el monumento a Bonifacio VIII de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma – liberándolas así de la rigidez del retablo. Cabe indicar que di Cambio ultimó en sus mínimos detalles solamente las partes visibles al espectador, mientras el lado más escondido aparece apenas esbozado.

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Basílica Santa María La Mayor. El belén de Arnolfo di Cambio. Siglo XIII

Pronto las figuras, talladas por separado – que siguen siendo de gran tamaño – pasan de las iglesias y conventos a algunas capillas privadas, como la de la Casa Alagni de 1324, si bien poco a poco empiezan a hacerse más pequeñas, y así nos encontramos con las del monasterio de las Clarisas de San Andrés, de Cracovia, del siglo XIV, de apenas 35 centímetros.

Pero habrá que esperar hasta el siglo XVII para que los belenes pasen de las iglesias a los palacios y a los hogares, sin tener que estar permanentemente expuestas. Junto a la madera y la piedra se impone el barro cocido, y nobles y soberanos rivalizan en presumir del belén más hermoso. Ya en el siglo XVIII, con los belenes napolitanos, se produciría su popularización, en los términos que conocemos hoy en día, de materiales muy diversos, con escenas compuestas de numerosas figuras, que se presentan en un paisaje que quisiera evocar el de Belén.

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Próxima entrega: De Giovanni di Bernardone a Francisco de Asís

Mar 02 2016

3.- El primer Belén

La tradición del belén tiene su origen en San Francisco de Asís, que en los días previos a la Navidad de 1223, débil y enfermo, se encontraba en el pequeño pueblo de Greccio – a mitad de camino entre Asís y Roma – , y pensando que tal vez aquella sería su última Navidad en la tierra, quiso celebrarla de una manera especial y distinta.

Y acudió a un noble caballero de Greccio, de nombre Giovanni di Vellita – quien por amor a Cristo había abandonado la milicia – propietario de un terreno cubierto de árboles, que a Francisco le recordó los campos de Belén que había conocido poco tiempo antes, en su viaje a Tierra Santa, y en donde había una cueva que encontró parecida a aquella en que imaginaba habría tenido lugar el nacimiento de Jesús. Habló con su amigo y le contó su idea de hacer allí un “pesebre vivo” siguiendo el relato de San Lucas.

            Para ello, pidió autorización al Papa Honorio III. Permiso que era necesario, pues dados los abusos cometidos con algunas representaciones religiosas, el Papa las había prohibido algunos años antes. El 8 de diciembre comenzó a montar un pesebre en la cueva, acondicionándola con heno. En una de las biografías del Santo se afirma que le dijo a su amigo Giovanni “quiero ver a Jesús recostado en el pesebre entre el buey y el asno”. Y pidió que le prestasen un asno y un buey. La noche del día de Navidad Francisco convocó a todos los lugareños, que acudieron presurosos, portando antorchas encendidas. Sin saberlo estaban representando a los pastores y a las gentes que acudieron a adorar al Señor en su pesebre. Según la leyenda las campanas de la iglesia empezaron a tañer solas. El cardenal Ugolino, conde de Segni, futuro Gregorio IX, celebró la Santa Misa en el altar colocado sobre el pesebre, mientras el santo de Asís, vistiendo ornamentos de diácono, permanecía de pie.

           Terminada la Eucaristía, Francisco relató a los presentes, con todo lujo de detalles, la hermosa historia de la Navidad. Giovanni di Vellita asegura haber visto en aquel momento, dormido en el pesebre, a un niño extraordinariamente hermoso, al que el bienaventurado Padre parecía querer despertar del sueño, al tiempo que le estrechaba en sus brazos.

            Acababa de nacer el primer belén de la Historia.

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Capilla de la Cueva de Greccio

            Franciscanos y clarisas se encargaron de difundir la celebración de la Natividad en Greccio, que tuvo un enorme éxito. Muy pronto surgirían representaciones similares en numerosos lugares de Europa.

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Próxima entrega: Del belén de Greccio a los belenes populares

Feb 24 2016

2.- Mi Belén Antártico

Un belén peculiar, no contabilizado en los 177 países de la colección, es el que yo llamo de “la Antártida”, comprado en Madrid y que, a petición mia llevó allí el comandante que fue al mando del equipo militar de la Base antártica “Gabriel de Castilla” durante la campaña 2007-2008. Nacimiento que presidió la celebración de las Navidades de 2007, en la que no faltaron los villancicos ni la añoranza,  y que hoy exhibo, orgulloso, en mis vitrinas.

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2007.Base Gabriel de Castilla. Isla Decepción. Mi belén Antártico

Desde el año 1988 España tiene dos bases en el archipiélago de las Shetland del Sur en la Antártida: la “Juan Carlos I” en la Isla de Livingstone, gestionada por el  Ministerio de Educación y Ciencia y la “Gabriel de Castilla”, en la volcánica Isla Decepción, gestionada por el Ejército de Tierra Español.

metopa

Metopa de la XXI Campaña Antártica del Ejército de Tierra Español

En ambas bases se llevan a cabo numerosos estudios científicos, tanto biológicos, como geológicos, climatológicos, etc. durante el verano austral. La base “Gabriel de Castilla”, proporciona apoyo logístico a la investigación científica lleva a cabo proyectos de investigación y experimentación de interés militar en cuanto a sistemas de transmisiones, medio ambiente, sanidad, bromatología, vestuario y material de campamento.

26/2/2016                                                                                                                   Próxima entrega: El primer belén

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