Sep 16 2016

31. Las visiones de la Beata Anna Katharina Emmerik del nacimiento de Jesús (I). La gruta

     A lo largo de la Historia, han sido varias las personas que han manifestado haber tenido visiones sobrenaturales de la vida de Jesús y de su nacimiento en Belén. Entre ellas cabe mencionar a la española Sor María de Jesús de Ágreda, que fuera consejera del rey Felipe II. Pero las más completas y detalladas de todas las visiones son las de la beata Anna Katharina Emmerick, monja agustina alemana, escritora y mística, que vivió entre 1774 y 1824 y sufrió los estigmas del Señor. Experimentó continuos éxtasis, y sus testimonios fueron recogidos por el famoso poeta Clemente Brentano, en más de cuarenta volúmenes.

     Una de sus visiones, que nos afecta directamente como españoles, es aquella en la de que profetizó los acontecimientos de nuestra Guerra Civil del pasado siglo. La beata escribió, con más de cien años de antelación, lo siguiente: “ atravesé el agua (el Mediterráneo), tocando a las islas donde hay una mezcla de bien y de mal …. Y después fui a la patria de Francisco Javier (España), porque yo viajaba en la dirección del poniente….. Vi allí numerosos santos y el país ocupado por soldados rojos….Vi destruir todo lo que era sagrado y la impiedad y la herejía hacer irrupción. Había una amenaza de guerra civil próxima y de una crisis interior que iba a destruirlo todo”. Cabe destacar la referencia a la presencia en nuestro país de “soldados rojos”, cuando esta denominación no surgiría hasta la Revolución Rusa de 1917.A la Beata Ana Emmerik se le debe el hallazgo de la casa de la Virgen María en Éfeso, que describió con todo detalle, sin haber estado nunca allí.

     Hasta en veinticuatro ocasiones vivió momentos relacionados con el nacimiento de Jesús, desde la anunciación hasta la circuncisión, con excepcional detalle. He aquí tres párrafos de los diecisiete con los que la Beata nos describe minuciosamente la gruta de Belén:

      “En la extremidad Sur de la colina, alrededor de la cual torcía el camino que lleva al valle de los pastores, estaba la gruta en la cual José buscó refugio para María. Había allí otras grutas abiertas en la misma roca. La entrada estaba al Oeste y un estrecho pasadizo conducía a una habitación redondeada por un lado, triangular por otro, en la parte Este de la colina. La gruta era natural; pero por el lado del Mediodía, frente al camino que llevaba al valle de los pastores, se habían hecho algunos arreglos consistentes en trabajos toscos de mampostería. La entrada común a la gruta del pesebre miraba hacia el Oeste. Desde el lugar se podían ver los techos de algunas casitas de Belén”.

                                  

image081                                                                                                                                           

     Y prosigue con la descripción de cómo María y Jesús se refugian en la gruta en la que va a nacer el Salvador. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada en su lecho, con la cara vuelta hacia el Oriente. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la tierra y aparecieron con toda claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba la mirada sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo Eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María.

   Vi a nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos. Poco tiempo después vi al Niño que se movía y lo oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándolo contra su pecho


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Sep 09 2016

30. La huída a Egipto

  La Huida a Egipto constituye el último acontecimiento que nos relatan los Evangelios en relación con el nacimiento de Jesús. Mateo nos dice: “el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. José se levantó, tomó al niño y a su madre y huyó a Egipto”. La escena del “sueño de San José” ha sido objeto de numerosas representaciones pictóricas.

  Herodes no tenía jurisdicción en Egipto; de ahí que huyeran a aquel país. Según se relata lo hicieron de noche, a través de unos caminos infestados de guardias y espías. Cabe imaginar lo penoso que tuvo que resultar ese viaje, atravesando el inhóspito desierto del Sinaí, sin medios económicos, rumbo a una tierra desconocida.

   Existe una gruta situada cerca de Belén, sobre la ruta de Hebrón, donde se dice que la Santísima Virgen se ocultó con su Hijo mientras san José iba a buscar en la ciudad provisiones para poder llegar a la tierra de exilio. Según muchos autores los santos viajeros pasaron por Hebrón, donde vivía el sacerdote Zacarías, a quien explicaron el motivo de su huida y le recomendaron proteger a Juan Bautista contra el furor de Herodes.

image075                                                                La Huida a Egipto . Giotto (1305-06)

     Los artistas siempre representan a la Familia caminando con María montada en un asno y el Niño en sus brazos. Aparecen tras ellos otros personajes, que era muy posible que se les unieran, ya que el modo habitual de viajar en aquellos tiempos era en caravana, buscando, sin duda cierta protección ante eventuales peligros.

   Los evangelios apócrifos añaden algunos hechos “milagrosos”. Al llegar junto a un labrador que está sembrando el campo, la Virgen y San José, notando que les siguen, le piden que cuando lleguen los soldados de Herodes, les diga la verdad: que vio pasar por allí a los tres, mientras estaba sembrando. Y se produce el milagro: al momento, el trigo crece y madura, ocultándolos y quedando listo para cosechar, con lo que al llegar los soldados, éstos renuncian a continuar la persecución, pensando que hace mucho tiempo que pasaron.

    Otro milagro: durante el viaje, la Sagrada Familia pasa hambre y sed. En el camino ven una palmera cargada de dátiles a una altura difícil de alcanzar. Jesús ordena al árbol que incline sus ramas, y se cumple su voluntad, permitiéndoles recoger sus frutos.En Egipto se encuentra un viejo sicomoro llamado “El árbol de la Virgen”, en El-Matariya, El Cairo, Egipto, en el que según la tradición, la Virgen María descansó durante su huida a Egipto.

   También, según una leyenda, al llegar la Sagrada Familia a Heliópolis los ídolos y estatuas de los templos se cayeron de sus pedestales. Otra versión es que esto sucedió fue en la ciudad de Solima, al entrar en el capitolio local.

    Y un milagro más: la Sagrada Familia se ve obligada a detenerse para amamantar al Niño. En la Gruta de la leche de Belén se venera la roca donde se habría derramado una gota de leche, que al instante cambió de color, y que proporciona cualidades curativas al agua.

   La vida de la Sagrada Familia en Egipto aparece recogida en los evangelios apócrifos, tales como el Pseudo-Mateo, el Libro Árabe de la Infancia y el Armenio de la Infancia.


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Sep 02 2016

29. La Matanza de los Inocentes

     Con relativa frecuencia en los belenes aparecen en lo alto, en el entorno del “Castillo de Herodes”, las figuras de un grupo de madres con sus hijos en brazos, y unos soldados armados con cuchillos, que intentan arrebatárselos, representando lo que se ha dado en llamar “la Matanza de los Inocentes”.

     Mateo relata cómo, cuando los Magos van camino de Belén, siguiendo a la estrella que debe llevarlos hasta el Niño Jesús, se encuentran con el rey Herodes en la ciudad de Jerusalén, y le preguntan “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Es decir, le preguntan a Herodes, rey de los judíos, dónde había nacido el “rey de los judíos”. Este tuvo que verse preocupado y sorprendido y les conminó a que, a su regreso, le informasen acerca del sitio exacto donde se encontraba el Niño para así, “poder ir él también a adorarle”. Obviamente sus intenciones eran otras. Y el evangelista añade “Pero los Magos, avisados por un ángel de las verdaderas intenciones de Herodes regresaron por otro camino.”.

    Y prosigue diciendo: “Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Así se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen.”

     La brutalidad del episodio está en armonía con el carácter de Herodes que quiere eliminar a Jesús. Y San Mateo escribe cómo «al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén». La matanza de los inocentes sería una aplicación a los tiempos primeros de Jesús de la historia del malvado Faraón que quiso acabar con Moisés niño y mandó matar a los recién nacidos varones de los israelitas.

    Los evangelios apócrifos no añaden nada sustancial al relato de San Mateo, salvo el Evangelio Árabe de la Infancia de Jesús que dice “Mas Herodes, al caer en la cuenta de que había sido burlado por los Magos, ya que no habían vuelto a visitarle, llamó a los sacerdotes y sabios, diciéndoles: Indicadme dónde debe nacer el Cristo. Y habiéndole ellos respondido que «en Belén de Judea», empezó a tramar la muerte de Jesucristo”

     Herodes ha pasado a la Historia como el prototipo de todos los sanguinarios que, por miedo a poder perder el poder no dudan en sacrificar a los indefensos, a los «inocentes».

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    Pedro Pablo Rubens (1638-39)

     Según los estudios demográficos, el poblado de Belén, donde nació Jesús, tenía entre 300 y 1.000 habitantes como máximo, de ellos solo habría entre 7 y 20 niños menores de dos años. Por tanto las dimensiones de la matanza tuvieron que ser relativamente reducidas.

     Los Inocentes serán vistos como los primeros cristianos y mártires, alcanzando la categoría de santos. Pese a no haber sido bautizados, su muerte será considerada como un “bautismo de sangre”. La escena de la Matanza ha sido objeto de numerosas representaciones, en las que aparece Herodes ordenando la matanza acompañado de los sicarios que esperan su mandato, o a las madres con sus hijos y el grupo de soldados que les dan muerte, junto a un montón de cadáveres.


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Ago 26 2016

28. Herodes

    image011     Herodes I el Grande fue rey de Judea, Galilea, Samaria e Idumea en calidad de vasallo de Roma. De linaje idumeo, el Senado romano le nombró rey de Judea – en manos hasta entonces de los asmoneos – por indicación de Marco Antonio, con el encargo de recuperar Judea de manos de Antígono. Combatió durante tres años hasta que conquistó Jerusalén. Augusto mantuvo excelentes relaciones con Herodes, pues éste se comportaba como un subordinado ideal: sus informes periódicos eran precisos y sabía que cualquier deseo que se expresara desde Roma era al punto ejecutado en su reino

      Los romanos llamaron a Herodes «rey aliado y amigo del pueblo romano». Nunca fue querido por los judíos debido a su origen idumeo y sobre todo por su gran crueldad. Bajo su gobierno se incrementó el desarrollo del comercio y de la agricultura. Hizo muchas obras públicas, entre las que se encuentran la reconstrucción del Templo y la edificación de un teatro y un anfiteatro en Jerusalén. Intentó mejorar sin éxito su imagen.

      El rey hacía ostentación de su cultura grecorromana. Bastaba ser griego, o romano, culto y bien educado, para que Herodes le invitase a pasar unos días, regaladamente, en el palacio de la capital o en el de Jericó, lo cual irritaba especialmente a los fariseos, al tratarse de gentiles. A él se debe el palacio-fortaleza de Jerusalén que llevó su nombre, y que hoy no puede faltar en los belenes populares, con el Rey a la puerta de su palacio – “El Castillo de Herodes” -, situado en alto, al fondo de la escena, custodiado por soldados romanos empuñando sus lanzas. Fue, en su momento, el edificio más importante de la ciudad, después del Templo. Fundó varias ciudades, como Cesarea, y cambió el formato de varias de ellas siguiendo la línea helenística-romana. En el terreno económico su reinado fue próspero.

     Pero la construcción de templos paganos, en especial el dedicado a la diosa Roma y al genio de Augusto en Cesarea, fue considerado un insulto público. Otras dos acciones de Herodes ofendieron profundamente la sensibilidad religiosa israelita: su sórdido manejo del sumo sacerdocio del templo de Jerusalén y la profanación de la tumba de David. El monarca tuvo la osadía de nombrar como sumo sacerdote a Hananel, un hombre os­curo y desco­no­cido, y pronto, sin previo aviso, el monarca lo depuso y nombró sumo sacerdote a Aristóbulo, hermano de su esposa Mariamne. Pero no había trascurrido un año, cuando ordenó su asesinato. Oficialmente, Aristóbulo murió ahogado accidentalmente mientras se bañaba en una alberca del palacio, pero todos sabían que la mano del rey estaba detrás

     Herodes ha pasado a la Historia como símbolo de la más extrema crueldad. Obsesionado por el poder, al ser nombrado rey, hizo asesinar a toda la familia del rival derrocado, y a cuarenta y cinco de sus partidarios; a los dos esposos de su hermana Salomé, a su suegra Alejandra, y a sus propios hijos Alejandro y Aristóbulo. Tuvo muchos hijos de diez esposas, y aunque designó heredero a su hijo Arquelao, el emperador Augusto dividió el trono entre sus hijos, Herodes Arquelao, Herodes Antipas y Herodes Filipo.

     Se dice que, conocedor del terror y hostilidad que su persona despertaba, llegó a ordenar que, cuando él muriera, pasaran por las armas a incontables judíos ilustres que previamente habían sido concentrados en el hipódromo de Jericó, con el solo fin de evitar la alegría del pueblo en el momento de su muerte.


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Ago 19 2016

27. Las matronas

      Las matronas, parteras o comadronas, se incorporan a la escena del belén por influencia de los evangelios apócrifos, y se encuentran tanto en Oriente como en Occidente desde las primeras representaciones del nacimiento de Jesús. Aparecen en número de una o dos, ocupándose de atender al recién nacido: lo bañan, lo colocan en el pesebre, lo fajan, lo alimentan. En los siglos XIV y XV, aparecen también en posición adorante, sumándose así a la adoración de los pastores, de los ángeles, de los animales y de María y José.

      La escena de las matronas figura en los evangelios apócrifos de Santiago, Pseudo- Mateo y Árabe de la Infancia de Jesús, que ofrecen versiones ligeramente diferentes. Es un episodio extraño, no siempre perfectamente identificado. En el Protoevangelio de Santiago, José va a buscar una comadrona, que llega cuando Jesús ya ha nacido. La comadrona – no nos dice su nombre – se da cuenta de la virginidad de María y eleva un himno al nacimiento prodigioso del Salvador de Israel. Corre a llamar una amiga, Salomé, que no quiere creer que una virgen pueda haber engendrado un hijo. “Así como Dios existe, si no pongo el dedo y analizo su naturaleza, no creeré”. Y extendió la mano hacia María, pero inmediatamente se le secó la mano y se le paralizó. En ese momento Salomé pidió perdón. Vino un ángel que le aconsejó que se acercara al niño y lo tomara en brazos, la incrédula arrepentida realizó el amoroso gesto que amoroso gesto que le proponía el ángel y se curó.”             

     image017      En el Pseudo-Mateo aparece el nombre de dos comadronas: “Y José le dijo: Te he traído dos comadronas, Zelomi y Salomé, mas no osan entrar en la gruta a causa de esta luz demasiado viva….” y a continuación narra la incredulidad de Salomé en términos parecidos a los del evangelio de Santiago.

     Por su parte el evangelio Árabe de la Infancia sólo menciona una partera anciana: “Y José partió de allí presuroso para traer a María una mujer que la asistiese. Y halló por acaso a una anciana de Jerusalén”… Y. Nuestra Señora Santa María le dijo: Pon tu mano sobre el niño. Y ella la puso, y al punto quedó curada. Y salió diciendo: Seré la esclava y la sierva de este niño durante todos los días de mi vida”, en este caso sin mencionar duda alguna por su parte.

      En los iconos ortodoxos del momento del nacimiento de Jesús, figuran siempre dos comadronas – Salomé y Zelomi – en la esquina inferior derecha, si bien en algún caso se dice que es Eva quien acompaña a Salomé, representando Salomé la vida mortal y Eva la inmortal. Las dos aparecen bañando al niño en una especie de pila bautismal.


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