Abr 08 2016

8. EL Nacimiento de Jesús en los Evangelios Canónicos

La idea franciscana de reproducir la escena del nacimiento de Jesús se inspiró, lógicamente en los relatos evangélicos, y más concretamente en el Evangelio de San Lucas, que es donde se menciona concretamente el pesebre. De los cuatro evangelistas únicamente San Lucas y San Mateo hacen referencia al acontecimiento. La escenificación del nacimiento y la mayor parte de los personajes que aparecen en nuestros belenes están inspirados en lo que relataron en su momento los evangelistas canónicos, con algunas aportaciones complementarias de los llamados evangelios apócrifos, y de algunas tradiciones locales.

San Lucas nos describe el momento del nacimiento y la adoración de los pastores, mientras San Mateo se centra en el episodio de los Magos y en Herodes. Únicamente coinciden en señalar el lugar del acontecimiento – Belén de Judá – y obviamente, en la Sagrada Familia. A continuación hemos extractado algunos pasajes en los que figuran personajes y hechos que aparecen en nuestros belenes, resaltando las palabras clave en negrita.

san mateosan marcossan lucassan juan

San Mateo                  San Marcos                  San Lucas                  San Juan

San Lucas escribe:

  • José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta.
  • Y (María) Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón
  • Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.  Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor…. Y repentinamente apareció  el ángel una multitud de huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían ¡¡¡ Gloria a Dios en  las alturas,. Y en la tierra paz a los hombres de  buena voluntad !!!….. Y (los pastores) hallaron a María y a José, y al niño acostado en el  pesebre.

San Mateo nos relata:

        –       Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a  Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

         –      Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: ID allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le  adore.

        –       Ellos, habiendo oído al rey, se fueron…..; y he aquí que la estrella se detuvo sobre donde estaba el niño. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; ……y, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.          

Los Evangelios canónicos nos hablan por tanto únicamente de Jesús, María y José, Belén de Judea como “ciudad de David”, el pesebre, la casa, los pañales, los ángeles, los pastores, los Magos “de Oriente”, las ofrendas de oro, incienso y mirra, la Estrella y Herodes.

_____________________________              

Próxima entrega: El nacimiento de Jesús en los evangelios apócrifos                                                     


Mar 31 2016

7. Las tres Órdenes Franciscanas

             Tres son las Órdenes establecidas por San Francisco: para clérigos, monjas y laicos. En la entrega anterior hemos descrito como el Santo de Asís obtuvo la aprobación de Inocencio III para fundar la “Orden de los Hermanos Menores”, también llamada “Orden Mendicante Franciscana”. Se la conoce como Primera Orden. Es únicamente masculina, y cuenta con tres ramas: conventuales, observantes y capuchinos, que se distinguen entre sí por los diversos modos de interpretar, de vivir y de observar la Regla de San Francisco de Asís.

                Pero antes debemos recordar el famoso cariño de Francisco por los animales y el poder que tenía sobre ellos. Por ejemplo, es famosa la leyenda de la reprensión que dirigió a las golondrinas cuando iba a predicar en Alviano: “Hermanas golondrinas: ahora me toca hablar a mí; vosotras ya habéis parloteado bastante”. Famosas también son las anécdotas de los pajarillos que venían a escucharle cuando cantaba las grandezas del Creador, del conejo que no quería separarse de él en el Lago Trasimeno y del lobo de Gubbio, amansado por el santo. Algunos autores consideran tales anécdotas como simples alegorías, en tanto que otros les atribuyen valor histórico.

                La Segunda Orden fue establecida por San Francisco en 1212, con ayuda de la Santa Clara. Clara era hija de Favorino de Scifi y Ortolana, descendiente de una ilustre familia de Sterpeto, los Eiumi. Ambas familias pertenecían a la más augusta aristocracia de Asís. Su padre tenía el título de Conde de Sasso–Roso.

                Clara oyó predicar a San Francisco en la iglesia de San Rufino y desde entonces se convirtió en su guía y referencia espiritual. Se escapó de casa y se dirigió a la Porciúncula, cambiando sus ricas vestiduras por un sayal tosco, semejante al de los frailes y el cinturón, adornado con joyas, por un nudoso cordón. De allí se trasladó al Beaterio del Santo Ángel y junto a otras piadosas damas suplicó a Francisco abrazar la nueva forma de vida por él instituida. Pronto se le unieron dos de sus hermanas y su propia madre. San Francisco escribió para ellas una norma de vida, y Santa Clara escribió una Regla que aprobó Inocencio IV en 1253. Nacía así la Segunda Orden Franciscanas: la “Orden de las Hermanas Pobres de Santa Clara”, popularmente conocida como Clarisas.

7

                                                        Profesión de los  votos monásticos de Santa Clara

                En 1221 San Francisco funda la “Orden de los Hermanos y Hermanas de Penitencia”, conocidos como Terciarios, o Venerable Orden Tercera. Fue ideada por su fundador como un tipo de estado intermedio entre el claustro y el mundo para aquellos seglares que, deseando seguir los pasos del santo, estuvieran impedidos, por matrimonio u otros motivos a abrazar la Orden Primera.

____________________________________________________

Próxima entrega: El nacimiento de Jesús en los evangelios canónicos

Mar 22 2016

6.- Fundación de la Orden Mendicante de los Hermanos Menores.

             Tras su renuncia a los bienes materiales y el enfrentamiento con su padre, Francisco partió en busca de un sitio para establecerse. Pasó a vivir como un mendigo, pidiendo limosna. Cuando llegó a Gubbio, una persona que le conocía le llevó a su casa y le regaló una túnica, un cinturón y unas  sandalias de peregrino. Francisco los usó dos años, al cabo de los cuales volvió a Asís, para reparar la iglesia de San Damián.

             Después se trasladó a una pequeña capilla, llamada Porciúncula, que pertenecía a la abadía benedictina de Monte Subasio, que estaba en muy mal estado, y que le fue concedida por el abad, con la condición de hacer de ella la iglesia madre de su familia religiosa. Probablemente el nombre de la capilla aludía al hecho de que estaba construida en una reducida parcela de tierra.

            En esta iglesia, en 1208, San Francisco oyó la llamada de Jesús para que eligiera una vida de absoluta pobreza. Regaló sus sandalias, su báculo y su cinturón, y se quedó únicamente con la pobre túnica, ceñida con un cordón. Este fue el hábito que dio a sus hermanos un año más tarde: el sayal de lana burda de los pastores y campesinos de la región. La Porciúncula se convirtió en el hogar de San Francisco y de sus primeros discípulos. Allí fundó la orden mendicante de los “Hermanos Menores”. Desde aquel momento nunca la han abandonado los frailes franciscanos,

6

          Pronto tuvo numerosos seguidores. Su primer discípulo fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, que vendió cuanto tenía y repartió el dinero a los pobres. Pedro de Cataneo, canónigo de la catedral de Asís pidió también que le admitiese, y el Santo les impuso el hábito a los dos juntos. El tercer compañero de San Francisco fue el hermano Gil, famoso por su gran sencillez y sabiduría.

          En 1210, cuando el grupo contaba ya con doce miembros, Francisco redactó una Regla Breve que consistía principalmente en consejos evangélicos para alcanzar la perfección. Con ella viajaron a pie hasta Roma a presentarla al Papa, para su aprobación.

         En Roma no querían admitir esta comunidad porque les parecía demasiado rígida, pero el Cardenal Juan Colonna dijo “No les podemos prohibir como lo mandó Cristo en el Evangelio”. Y finalmente Inocencio III les dio su aprobación, y regresaron a Asís a vivir en pobreza y oración en su iglesia de la Porciúncula.

          Hoy en día la pequeña capilla donde comenzó el movimiento franciscano, se encuentra dentro de la Basílica de Santa María de los Ángeles, a unos cuatro kilómetros de la ciudad de Asís. En su recuerdo se conoce también con el nombre de porciúncula a numerosos monasterios franciscanos.

_________________________________________

Próxima entrega: Las tres Ordenes franciscanas

Mar 12 2016

5.-De Giovanni di Bernardone a Francisco de Asís.

   La figura de San Francisco, a quien debemos el primer Belén de la Historia, y Patrón de los belenistas,  bien merece que conozcamos, con cierto detalle su ingente obra.

   En 1181 nacía en la ciudad de Asís, en la Umbría, en el seno de una familia de ocho hermanos, Giovanni Pietro di Bernardone, que pasaría a la Historia con el nombre de San Francisco de Asís. Era hijo de una noble dama francesa, Pica Bourlemont – natural de la Provenza – , y de un rico comerciante de paños de la burguesía de Asís –Pietro Bernardone dei Moriconi – que viajaba frecuentemente a Francia a las ferias locales, haciéndose acompañar del pequeño Giovanni. Y era tal la admiración que éste último sentía por todo lo francés que, al parecer, fue su propio padre quien le puso el apodo de “Francesco”, el francesito.

                De joven sólo le interesaba gozar de la vida. Disponía de dinero, que gastaba con ostentación, si bien era generoso con los pobres. No le interesaban los estudios ni los negocios de su padre. Con 20 años participó en la guerra entre Asís y Perugia cayendo prisionero y permaneciendo cautivo un año. Tras superar una grave enfermedad, decidió enrolarse en el ejército papal contra el Imperio. Pero nunca llegó al frente de batalla. De nuevo cayó enfermo, y durante la enfermedad creyó oír una voz celestial que le exhortaba a “servir al amo y no al siervo”. Y Francisco obedeció.

                Se cuenta que en cierta ocasión encontró a un leproso. Las llagas del mendigo aterrorizaron a Francisco; pero, en vez de huir, se acercó a él que le tendía la mano para recibir una limosna. A pesar de su repulsa natural, se le acercó y le dio un beso. Aquello cambió su vida. A partir de entonces, comenzó a visitar y servir a los enfermos en los hospitales. Algunas veces regalaba a los pobres sus vestidos; otras, el dinero que llevaba.   En cierta ocasión, mientras oraba en la iglesia de San Damián en las afueras de Asís, le pareció que el crucifijo le repetía tres veces: “Francisco, repara mi casa, pues ya ves que está en ruinas”.

                Francisco partió inmediatamente, tomó una buena cantidad de vestidos de la tienda de su padre, los vendió junto con su caballo y llevó el dinero al pobre sacerdote que se encargaba de la iglesia de San Damián, el cual consintió en que Francisco se quedase unos días con él, pero se negó a aceptar el dinero.

                Su padre, que ya le había reprochado sus gastos excesivos, lo llevó ante el obispo Guido de Asís, para revocarle la herencia. Ante la actitud de su padre, Francisco renunció por sí mismo a la fortuna de su familia y a cualquier otro bien material. Acto seguido se quitó sus vestidos y se los entregó a su padre. El Obispo le regaló un viejo vestido de labrador, que pertenecía a uno de sus siervos. Francisco trazó sobre él la señal de la cruz y se lo puso. A partir de ese momento se retiró a orar. Comenzaba su obra.

RENUNCIA


Próxima entrega: Fundación de la Orden Mendicante de los Hermanos Menores.

Mar 10 2016

4.- Del belén de Greccio a los belenes populares

La representación del nacimiento de Jesús en Greccio en 1223, promovida por Francisco de Asís, fue el punto de partida de un fenómeno extraordinario de difusión del culto a la Natividad, que pronto tuvo una enorme repercusión en toda Europa, extendiéndose a través de los padres franciscanos y las madres clarisas, que imitaron a su fundador en sus iglesias y conventos.

Siguiendo el ejemplo de San Francisco, en un primer momento el belén fue una representación viviente que tenía lugar en las iglesias y conventos el día de Navidad. Muy pronto la escena de la Natividad se convirtió en tema predilecto y fuente de inspiración de pintores como Giotto, con su maravilloso fresco de la catedral de Asís, o de escultores como Nicola Pisano y su hijo Giovanni, cuyas obras se encuentran en la catedral de Pisa, esculpidas en grandes retablos, que se convertirían al mismo tiempo en objeto de culto.

Y en un momento dado se produce un hecho que resultaría definitivo. En las pinturas o retablos, las figuras son prisioneras del material en que se inscriben: el lienzo, la pared, la piedra, la madera. Pero en 1289 Arnolfo di Cambio (1240-1310), discípulo de Nicola Pisano, que había colaborado también con su hijo Giovanni, da autonomía a las figuras, esculpiendo por separado las imágenes de la Sagrada Familia y los Reyes Magos – colocadas inicialmente en el monumento a Bonifacio VIII de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma – liberándolas así de la rigidez del retablo. Cabe indicar que di Cambio ultimó en sus mínimos detalles solamente las partes visibles al espectador, mientras el lado más escondido aparece apenas esbozado.

Arnolfo_di_Cambio_-_Presepio_-_Rm_8

Basílica Santa María La Mayor. El belén de Arnolfo di Cambio. Siglo XIII

Pronto las figuras, talladas por separado – que siguen siendo de gran tamaño – pasan de las iglesias y conventos a algunas capillas privadas, como la de la Casa Alagni de 1324, si bien poco a poco empiezan a hacerse más pequeñas, y así nos encontramos con las del monasterio de las Clarisas de San Andrés, de Cracovia, del siglo XIV, de apenas 35 centímetros.

Pero habrá que esperar hasta el siglo XVII para que los belenes pasen de las iglesias a los palacios y a los hogares, sin tener que estar permanentemente expuestas. Junto a la madera y la piedra se impone el barro cocido, y nobles y soberanos rivalizan en presumir del belén más hermoso. Ya en el siglo XVIII, con los belenes napolitanos, se produciría su popularización, en los términos que conocemos hoy en día, de materiales muy diversos, con escenas compuestas de numerosas figuras, que se presentan en un paisaje que quisiera evocar el de Belén.

______________________________________________________

Próxima entrega: De Giovanni di Bernardone a Francisco de Asís

Página 35 de 36« Primera...1020...3233343536

Obtener más elementos