Jun 24 2016

19. Los Reyes Magos. Su número

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     Los Reyes Magos figuran en el evangelio de San Mateo, que escribe: “Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos vinieron del oriente a Jerusalén, diciendo: ¿dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle”. Y continúa diciendo: ”al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”.

      Como vemos, San Mateo no menciona su número ni sus nombres, ni tampoco dice que fueran Reyes. De ahí que todo lo referente a los “Reyes Magos” haya sido objeto de múltiples especulaciones y elucubraciones.

       En un principio su número fue indeterminado. En el siglo III, algunas representaciones en templos mostraban sólo a dos personajes. En las catacumbas de Pedro y Marcelino aparecen dos, y en los frescos de la de Domitila, cuatro. En el evangelio apócrifo de Tomás se dice que eran parientes entre sí. La Iglesia de Siria afirmó que eran doce, que prefiguraban los doce futuros apóstoles. Y algunas tradiciones de la Iglesia Copta elevan su número hasta sesenta y citan los nombres de más de una docena de ellos. En algunas leyendas se da el nombre de Artabán a un cuarto Rey Mago, que se dice no llegó a tiempo por detenerse a ayudar a un indigente.

      Las tres ofrendas –oro, incienso, mirra – pudieron ser determinantes para que el Padre de la Iglesia Orígenes asegurara en el siglo III que los Magos eran tres, número que se vería confirmado en el siglo V por una Bula del Papa San León I El Magno para toda la cristiandad.

       En cuanto a la condición de Reyes, ésta no aparece hasta el siglo III. Sin duda el significado peyorativo que fue adquiriendo con el tiempo el concepto de mago, hizo que esta denominación estuviese mal vista para nombrar a estas tres figuras, que adoraron a Jesús en Belén, y de ahí el que se les añadiese la condición de Reyes, que les adjudicó – al parecer por primera vez – el abogado y teólogo cartaginés Quinto Septimio Florencio Tertuliano, posiblemente con base en la profecía de Isaías: “y andarán las gentes á tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento”.


Próxima entrega: Los Reyes Magos. Sus nombres

 

Jun 17 2016

18. El asno y el buey

Recordemos que San Francisco de Asís, al imaginar el primer belén de la Historia, le dijo a su amigo Giovanni di Velita: “Desearía provocar el recuerdo del niño Jesús……. y contemplar con mis ojos cómo era aquello de estar recostado en un pesebre y dormir sobre las pajas entre un buey y un asno”. Desde entonces, un buey y un asno forman parte de la representación del pesebre.

            La tradición es colocar el asno junto a la Virgen, y el buey junto a San José. El asno tiene un gran protagonismo en la vida de Jesús. No sólo aparece en el momento de la Natividad de Jesús; está también en la búsqueda de posada por María y José, en la huida a Egipto, o en la entrada triunfal en Jerusalén. Quizás fuera elegido por ser un animal sufrido y paciente. Pero curiosamente en España y en los países hispanos, sin que exista una razón aparente, ha sido sustituido por la mula, animal terco e híbrido, de significado claramente negativo. Los animales híbridos, como la mula y el buey, eran considerados en Israel seres inferiores.

              El buey simboliza sosiego y mansedumbre, que en la antigüedad servía de montura simbólica para los sabios y los hombres importantes. En Grecia era la víctima principal de los sacrificios: recordemos la “hecatombe”, que consistía en el sacrificio de cien bueyes. Se trata también de un animal híbrido, y por lo tanto despreciable para los judíos.

                En una de las numerosas leyendas acerca de estos dos animales, se dice que San José llevaba el buey para pagar el tributo al César; y que el asno había servido de cabalgadura a María, puesto que de Nazaret a Belén hay varios días de camino a pie, que no parecen muy recomendables para una mujer encinta y con los apremios del parto.

               Un hecho curioso es que en las representaciones navideñas medievales, sorprende continuamente que a ambos animales se les den rostros casi humanos; y cómo, de forma consciente y reverente, se ponen de pie y se inclinan ante el misterio del Niño.

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             En 2012 se armó un enorme revuelo cuando el papa Benedicto XVI recordó en su libro “La Infancia de Jesús”, el hecho de que no aparecieran mencionados en los evangelios, con lo que alguien llegó a afirmar que el Papa “se había cargado de golpe al asno y al buey”. Pero recordemos lo que realmente escribió: “el pesebre hace pensar en los animales, pues es allí donde comen. En el Evangelio no se habla de animales. Pero la meditación guiada por la fe ha colmado muy pronto esta laguna, remitiéndose a Isaías:El buey conoce a su amo, y el asno el pesebre de su dueño”……“Probablemente también tuvo un cierto influjo la versión griega de Habacuc: “en medio de dos seres vivientes serás conocido”…… “en la conexión entre Isaías, Habacuc y el Éxodo aparecen por tanto los dos animales, como una representación de la humanidad….. y finaliza diciendo: “La iconografía cristiana ha captado ya muy pronto este motivo. Ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno”.


Próxima entrega: Los Reyes Magos. Su número.

Jun 10 2016

17. Los pastores y la leyenda de Ledesma

             A mediados del siglo XIX en el pueblo de Ledesma de la provincia de Salamanca, en España, en el barrio llamado de Mesones, se construyó un sencillo templo – la iglesia de San Pedro y San Fernando – en torno al cual gira una curiosa e interesante leyenda que salió a la luz, cuando se llevaron a cabo unas obras de restauración, que pusieron al descubierto un cofre con restos humanos.

            Cuenta la leyenda que los restos custodiados en esta iglesia, pertenecieron a los Santos Pastores que adoraron al Niño Jesús en Belén: Isacio, Josefo y Jacobo. Restos de unas reliquias que, como han recogido las crónicas a lo largo de la historia, pudieron ser traídos por el caballero Micael Dominiz, natural de Ledesma, que participó en las Cruzadas. La tradición habla del año 900, pero un documento fecha este viaje en 1149. Una vez allí, el destino quiso que encontrara en una torre cercana a la gran ciudad un cofre abandonado. y al abrirlo, encontró huesos humanos, zurrones de pastor y tijeras de esquilar. De inmediato trató de conseguir algún dato. ¿Porqué estaban guardados tan cuidadosamente?. De repente, junto al cráneo divisó un pequeño texto con tres nombres.

              Tras indagar sobre el tema, llegó a la conclusión de que se trataba de las reliquias de los tres pastores de Belén que cita el Evangelio de Lucas, testigos directos del milagro acontecido en un pequeño pesebre: Josefo (o José), Issacio (o Isaac) y Jacobo. Orgulloso de su hallazgo, el caballero cruzado decidió regresar a su villa natal para que estas reliquias fueran veneradas. Así lo refleja el primer cronista de Ledesma, el entonces arcipreste de Toledo, quien constata en varios documentos la presencia de estos restos en la localidad.

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                En el siglo XV, en tiempos del Rey Enrique IV, se reedificó la Capilla del Santo Cristo del Amparo que se encontraba dentro de la iglesia de San Pedro de Ledesma. En el altar de dicha capilla, al lado del Evangelio, se colocaron los cuerpos en un arca cerrada. En el archivo parroquial de Santa María consta como en el año 1662 se había formado ya una importante cofradía de devotos de la Hermandad de los Santos Pastores. El Papa Inocencio XI, en 1667, concedió indulgencia plenaria, «a la cofradía bajo la advocación de los Santos Jacobo, Isacio y Josefo, canónicamente erigida y fundada en la iglesia parroquial de San Pedro de la villa de Ledesma, diócesis de Salamanca». Cofradía que existió en la Ledesma entre los años 1662 y 1728, que veneró a los Santos Pastores; devoción que acabó desapareciendo.

                  Setenta y tres años más tarde el sacerdote Hurtado de Mendoza, de la Compañía de Jesús, vio los tres esqueletos con las dos calaveras enteras y una deshecha, comprobando que algunos fieles se habían llevado parte de las reliquias. Mandó hacer un arca con cerradura y levantó una verja metálica con cuatro llaves, si bien las precauciones sirvieron de poco, ya que en 1786 se hizo un inventario con lo que quedaba y el resultado no fue alentador, pues de nuevo se produjeron sustracciones.

                  En 1864 los restos se trasladaron a una nueva Iglesia edificada en el Arrabal de Los Mesones, llamada también iglesia de San Pedro. Tiempo después se encontraron unos planos que le llevaron al arca de los pastores de Ledesma. Y el 29 de junio de 1970 se encontraron, por fin, los restos de los tres pastores, desaparecidos durante muchos años.


Próxima entrega: El asno y el buey

Jun 03 2016

16. Los pastores

            En los belenes populares aparece siempre una multitud de pastores. Algunos arrodillados en el portal. Otros a lo largo del camino en dirección al pesebre, a menudo con un rebaño de ovejas o de cabras. Pero los más importantes son los que figuran junto a una hoguera, asistiendo atónitos al anuncio del ángel.

                El evangelio de San Lucas, describe la escena con especial detalle:

                   ” En esa misma región había unos pastores que pasaban la noche en el campo, turnándose para cuidar sus rebaños. Sucedió que un ángel del Señor se les apareció……Pero el ángel les dijo…..”traigo buenas noticias que serán motivo de mucha alegría para todo el pueblo. Hoy les ha nacido en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo, el Señor. Esto les servirá de señal: encontrarán a un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”

                  ” De repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían “Gloria Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres que aman al Señor.”….. “ Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: “Vamos a Belén, a ver esto que ha pasado y que el Señor nos ha dado a conocer.” Así que fueron deprisa y encontraron a María y a José, y al niño que estaba acostado en el pesebre…. Los pastores regresaron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído, pues todo sucedió tal como se les había dicho…..”  

                      El pastor es un personaje recurrente en toda la Biblia, desde el Génesis hasta la Revelación. Abrahán, Moisés y el rey David tuvieron este oficio, Jesús se llamó a sí mismo muchas veces “pastor” siendo numerosas las parábolas en las que aparece la figura del pastor.

             Los pastores cuidaban tanto ovejas como cabras. En primavera sacaban el rebaño del redil, y aprovechaban para esquilar a las ovejas. Con la llegada del calor del verano, buscaban pastos en terrenos más altos y frescos. Podían pasarse días trabajando y durmiendo al aire libre. Algunas noches reunían a sus animales en una cueva para protegerlos de las alimañas. Hacia el final de la estación seca era común que los pastores trasladaran sus rebaños a valles o llanuras cerca de la costa. Y cuando  comenzaban las lluvias, regresaban con ellos a casa, para que pasaran el invierno resguardados y no los sacaban a campo abierto hasta la primavera.

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              San Lucas nos dice que el anuncio del ángel tuvo lugar ante unos pastores que “pasaban la noche en el campo”, lo que nos hace pensar que no podía ser invierno. Este hecho ha sido objeto de discusión en cuanto a la época de la Natividad de Jesús. En la antigüedad era un oficio respetable y respetado. Pero con el tiempo se había producido un grave deterioro, y en la época de Jesús era un oficio marginal. Junto a los publicanos, eran considerados oficialmente como “ilegales” y no podían ser ni jueces ni testigos. Estaban privados de los derechos cívicos y políticos que poseía todo israelita.  Y sin embargo, Jesús se refirió siempre a ellos con especial amor.


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May 27 2016

15. El demonio, presente también en los belenes.

        Curiosamente el demonio es un personaje que aparece también en algunos belenes. Es un personaje inspirado en los autos sacramentales representando el mal vencido gracias al nacimiento de Jesús.

             En Méjico es tradicional que la Sagrada Familia vaya acompañada de una figurita pintada de rojo, un poco retirada del grupo, en una esquina, con actitud de acechar, que representa al diablo. También existía esta costumbre de incluir al demonio en los belenes napolitanos. A veces rodeado de toda una corte infernal.

           En los iconos griegos de la Natividad siempre aparece un demonio, en la esquina inferior izquierda, vestido de pastor, con aspecto siniestro, tentado a San José para que dude de la virginidad de María. A veces incluso asoman en él unos cuernos y la cola.

           Los demonios son ángeles, ángeles caídos, cuyo estudio se incluye en la “angelología”, y son reconocidos como tales en el Catecismo católico. Su existencia real ha sido siempre enseñada por la Iglesia en su magisterio ordinario. Los demonios residen en el infierno y no gozan de los beneficios de la redención de Cristo. No perdieron su capacidad racional, sino que la utilizan para el mal. Dios les permite ejercer una influencia limitada en las criaturas y las cosas.

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El demonio en un belén napolitano

           Algunos intérpretes de las Sagradas Escrituras han creado una simetría entre la Trinidad católica (Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo), y una tríada opuesta: Lucifer, Anticristo y el Falso Profeta. Esos autores consideran que la Trinidad posee un proceso comunicativo que se inicia en el Padre creador, sigue en el Hijo salvador, y termina en el Espíritu Santo iluminador. Esas cualidades estarían reflejadas en la tríada inversa: primero Lucifer, el destructor, después el Diablo, el aniquilador (el Anticristo), y finalmente Satán, el oscurecedor.

            Al igual que con los ángeles, hay quien establece diversas categorías entre los demonios, y son muchos los nombres utilizados para describirlos: Satán, Satanás, Lucifer, Leviatán, Belcebú, el Maligno, el Diablo, el Ángel Caído, etc. clasificándolos en Espíritus Superiores, Espíritus Principales, Espíritus Subordinados y Legiones Infernales. De acuerdo con ello Lucifer “El Emperador”, Belcebú “el Príncipe” y Astarot “el Gran Duque” serían los tres Espíritus Superiores, supremos dirigentes del mundo de las tinieblas. Luego le seguirían los seis Espíritus Principales con sus respectivos tríos de Espíritus Subordinados.


Próxima entrega: Los Pastores                                            

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