Oct 03 2017

85. El calendario romano en la época de Jesús (II). Las semanas y los días del mes

La semana (del latín septimana=siete días) tardó en imponerse en Roma. Al principio, Roma no se regía por semanas, sino a partir del nundinae, que era un día de mercado, siendo la referencia utilizada el período de nueve días comprendido entre dos días de mercado (entre dos nundinae), Posteriormente los meses se dividieron en décadas (“semanas” de 10 días). Pero poco apoco se fue aceptando la semana de siete días y consiguió imponerse en la época imperial. Probablemente por influencia de Egipto, cuyo calendario dedicaba un día a cada uno de los siete grandes astros conocidos en su tiempo, distribuyéndolos desde el más lejano al más cercano a la tierra: Saturno, Júpiter y Marte, y el Sol, Venus, Mercurio y la Luna. A ellos deben su nombre en español y otros idiomas el lunes (día de la luna), martes (de Marte), miércoles (de Mercurio), jueves (de Júpiter) y viernes (de Venus).

El emperador Constantino implantó en 321 la semana de siete días, que empezaba en el día del Sol, día destinado al descanso. Esta denominación sufrió algunas alteraciones en dos casos: el día del Sol, en el que se produjo la resurrección de Cristo, fue llamado Dominicus dies, ‘día del Señor’y el dedicado a Saturno cambió su nombre por el de Sábado, palabra derivada de Sabbath ‘descanso’. Sin embargo, en otras lenguas, como el inglés o el alemán, no prosperó esta reforma y siguen utilizando para el domingo la antigua denominación: Sunday y Sontag (Día del Sol), y para el sábado Saturday (día de Saturno)

Para indicar los días del mes, los romanos tenían un sistema muy complicado. En cada mes había tres días clave:

a)Las calendas, Las calendas eran el primer día de cada mes, que debió coincidir en principio con la Luna nueva. De esta palabra deriva calendario.

b)Las nonas, Las nonas eran el día cinco de cada mes, excepto en marzo, mayo, julio y octubre y en los cuales las nonas eran el día siete. Se denominaba nonae porque era el noveno día contando el de los idus.

c) Los idus, Los idus eran el día trece de cada mes, excepto en marzo, mayo,julio y octubre, que eran el día quince. Por tanto, era una fecha móvil y se correspondía con la Luna llena.

                                                               Mosaico romano del mes de marzo                                              

 

                                                

Oct 02 2017

La Virgen María – Sayyida -, venerada por los musulmanes – Alayah I- salam!

 

      No todo el mundo conoce el hecho de que los musulmanes sienten un gran amor por la Virgen, a la que veneran y llaman “Nuestra Señora” (Sayyida)

El Corán presenta a María (Maryam) como la mejor de las mujeres, haciendo de ella un ejemplo a seguir por los creyentes, porque creyó en la veracidad de la palabra de Dios, y por esto Él la escogió para ser la madre de Jesús, “el profeta de la bondad”.

El Islam proclama que María y Jesús estaban exentos de pecado. Educada por Zacarías en el templo de Jerusalén, María ya destacaba desde pequeña por su piedad y según el Corán, los ángeles la alimentaban y le anunciaron que sería la madre del Mesías.

De las 114 suras del Corán, sólo 8 llevan en el título el nombre de algún personaje, y la sura 19 está consagrada fundamentalmente a María y a narrar sus virtudes. Son 41 los versículos dedicados a María. Explica el texto sagrado que la madre de María – Ana, Hannah – , se consagró al servicio del templo de Jerusalén, tal como correspondía a la gente del linaje de David. Cuando concibió un hijo, se entristeció porque era una niña y no un varón, pero Dios le reveló que esa niña estaba consagrada a Dios .

También según la sura 19, cuando María proclamó haber hecho voto de castidad, el ángel Gabriel le dijo que su hijo sería un signo de Dios para la humanidad, una prueba de Su misericordia. María buscó refugio en un lugar apartado y sufrió por los rumores difundidos sobre su embarazo. Pero Dios la consoló y Jesús recién nacido se dirigió a ella, diciéndole que había hecho bien en creer en la palabra de Dios. Vueltos a su pueblo, Jesús proclamará que Dios le ha hecho su servidor y que hará de él un profeta.

El Corán cree también en Su Inmaculada Concepción y en su parto virginal. El Tercer capítulo del Corán sitúa la historia de la familia de María en una genealogía que se remonta a Abraham, Noé y Adán. Cuando se comparan los relatos del Corán y del evangelio apócrifo sobre el nacimiento de María, se ve que Mahoma se inspiró en este último. Los dos libros describen la avanzada edad y esterilidad de la madre de María. Cuando nace María su madre exclama:  “¡y yo te la consagro con toda su descendencia bajo tu protección. Oh Dios, contra Satanás!”           .

El Corán no alude específicamente a José en la vida de María, pero la tradición musulmana le menciona en algunas ocasiones. José habla con María, quien es virgen. Al preguntarle como concibió a Jesús sin padre, María le contesta: “¿No sabes tú que Dios, cuando creó el trigo no necesitó semilla, y que Dios, por Su poder, hizo crecer los árboles sin ayuda de la lluvia?”. Todo lo que Dios hizo fue decir  “Hágase, y se hizo”.

El Corán también contiene algunos versículos sobre la Anunciación, la Visitación y el Nacimiento, así como relatos de ángeles acompañando a La Santa Madre y diciendo: “Oh María, Dios te escogió y purificó, y te eligió sobre todas las mujeres de la tierra”. Hay tal defensa de la virginidad de María en el Corán, que en su cuarto libro, atribuye la condenación de los judíos a su “monstruosa calumnia” contra la Virgen María.

Por todo ello, María cuyo nombre en árabe –Maryam”- significa “la mujer a la que Dios venera o ama”, es objeto de especial devoción por los musulmanes. El respeto por ella es evidente y cuando se la nombra en el Islam se añade siempre “Alayha l- salam” (la paz sea con ella). Pero como es  sabido no está permitido reproducir la figura humana, y en consecuencia, no existe las imágenes religiosas.

 

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Sep 29 2017

El calendario hebreo (II). Las semanas y los días

En el calendario hebraico la semana consta de siete días, reflejo de los seis días que, según el Génesis, tardó Dios en crear el mundo, junto al séptimo – Sabath – en el que descansó. Salvo el sábado, carecen de nombre. Se designan por el orden que ocupan dentro de la semana: primer día (Yom Rishon), segundo día (Yom Sheini), etc. El sábado es día sagrado. Según las prescripciones de la Torá, debe ser celebrado mediante la abstención de cualquier clase de trabajo por ser una señal de la relación entre Yahveh y el pueblo judío, y es uno de los Diez Mandamientos recibidos por Moisés. Junto con el Yom Kippur – dia del perdón – es la festividad más sagrada.

Así pues, y basándose en el relato bíblico, la semana hebrea comienza el domingo, (yom rishón”, “el día primero”), y no el lunes, como en la sociedad occidental, y culmina el sábado, día consagrado al descanso. La santidad de la festividad del sábado, y de algunas otras festividades, impone una serie de ajustes en el calendario hebreo, evitando que se superpongan o que se contradigan entre sí. Es, por ejemplo, lo que sucedería si el Yom Kipur, en que hay que observar un riguroso ayuno, coincidiera con la víspera o el día siguiente a un sábado, en que está prohibido cocinar.

Según el Génesis, Dios creó primero la noche y después el día. De ahí que un día se cuenta desde una puesta de sol hasta la siguiente. Por tanto el día comienza y finaliza con el anochecer. Se considera que el ocaso tiene lugar cuando se hacen visibles tres estrellas. El hecho de que el día comience con la noche es, de hecho, una metáfora de la vida, que empieza con la oscuridad del seno materno, después se enfrenta al resplandor de la luz, y finaliza con la oscuridad de la tumba, que precede a un nuevo amanecer en el mundo venide

Antiguamente el periodo diurno se dividía por doce, con lo cual su duración variaba según la época del año. Esto era muy importante, porque muchas observancias de la ley judía se llevaban a cabo en horas específicas del día. La noche se dividía en tres “vigilias”, cuya duración también variaba a lo largo del año. Cada una de ellas abarcaba una tercera parte del tiempo entre la puesta del Sol y el amanecer. Se las denominaba “primera vigilia”, “vigilia intermedia” y “vigilia matutina”..

Sep 22 2017

El calendario hebreo. Los años y los meses

En el calendario hebreo actual, al igual que en los tiempos de Jesús, los años se cuentan “a partir de la creación del mundo”, acontecimiento que se considera tuvo lugar 3760 años y 3 meses antes de la Era Cristiana. De acuerdo con ello, en el presente año 2016, los judíos celebran el 5766.

Un año hebreo incluye un ciclo completo de las cuatro estaciones del año y un número exacto de meses lunares. Los meses lunares se cuentan desde una luna nueva a la siguiente. El mes lunar tiene una duración de 29 días, 12 horas y algunos minutos y segundos, y por ello, para que la cantidad de días en un mes sea exacta, el calendario hebreo emplea meses de 29 y de 30 días,. Aun así, se produce un desfase, por lo que periódicamente hay que añadir un mes más, que recibe el sobrenombre de año bisiesto o “preñado”

Inicialmente los meses se designaban únicamente con su número ordinal, pero tras la cautividad de Babilonia se les puso nombres, empezando por Nisán (marzo/abril) en recuerdo del mes en que el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto, y concluyendo con el mes de Adar (febrero/marzo) mes de las lluvias. Actualmente el año comienza en el mes Tishrei( septiembre/octubre), con la festividad de Rosh Hashaná (literalmente “cabeza de año”), siendo el último el mes de Elul (fin de la vendimia y de la estación seca).

El calendario judío se basa en el ciclo metónico de 19 años, de los cuales 12 son años comunes de 12 meses y 7 son años bisiestos de 13 meses. Una complicación más. Hay cuatro tipo de años:

1. a) “Año deficiente” en cuyo caso tanto el mes de Jeshván como el de Kislev tienen 29 días, con lo que cuenta con 353 días

2. b) “Año normal”: el mes de Jeshván tiene 29 días y Kislev 30, con un total de 354 días

3. c) “Año completo”, en el que Jeshván como Kislev ctiene cada uno con 30 días, y por lo tanto el año tiene 355 días en su total. Pero todo ello no es suficiente para compensar el desfase, ya que todos ellos son más cortos que el año solar, por lo que hay que introducir el

4. d) “Año bisiesto” o “Año preñado”, en que se duplica el mes de Adar.

        

Sep 18 2017

Consideraciones finales acerca de la situación en Tierra Santa

A lo largo de once artículos, he presentado la situación en que se encuentra Tierra Santa, tras la creación del Estado de Israel y el duro enfrentamiento entre israelíes y palestinos iniciado en 1948. Me ha resultado difícil intentar abordar el tema con objetividad, tratando de comprender las razones que asisten a unos y otros. A pesar de mi actitud abierta, no creo haber conseguido mi propósito, dada la complejidad del problema y la intransigencia mostrada por ambos “contendientes” .

En mi opinión, el problema nace del distinto concepto que israelíes y palestinos tienen de sus derechos sobre aquellos territorios. Para Israel se trata de un derecho histórico inalienable, dado que la presencia judía en “Eretz Israel” se remonta a hace más de 3.000 años, cuando Abraham recibió el mandato divino de ocupar la “Tierra Prometida” en el siglo XIII a.C., llegando a crear, en el año 1.020 a.C., tras numerosas vicisitudes, el Reino de Israel, luego escindido en dos (Israel y Judá), para finalmente ser expulsados por los romanos en el 135 d.C., dando lugar a una diáspora que duró 18 siglos, durante la cual mantuvieron su singularidad, su religión y la nostalgia del Israel que se vieron obligados e abandonar, pero que permaneció siempre vivo en su recuerdo (recordemos la frase una y mil veces repetida de “el próximo año, en Jerusalén”).

Los españoles no podemos por menos que evocar la similitud de este punto de vista con la actual reivindicación de Al-Andalus por los yihadistas, con base en los más de siete siglos que los árabes ocuparon una amplia zona de España, antes de ser derrotados y expulsados en 1492.

Otro argumento esgrimido por los israelíes es que Palestina es una zona geográfica, pero nunca fue un estado árabe independiente, ya que tras la expulsión de los judíos por el Imperio Romano, al dividirse éste, quedó bajo la dominación del Imperio de Oriente hasta el año 636, en que se produjo la conquista islámica de la región por los árabes. Posteriormente estuvo sucesivamente bajo el dominio de la dinastía omeya, del califato abasí y de los turcos selyúcidas. Y tras el episodio temporal de las Cruzadas, la región fue conquistada por egipcios fatimíes y mamelucos, para ser ocupada finalmente por los turcos, pasando a formar parte de Siria bajo el Imperio Otomano durante cuatro siglos, hasta que, en la Primera Guerra Mundial, Gran Bretaña ocupó la región, recibiendo posteriormente un Mandato de la Sociedad de Naciones Unidas para administrar Palestina.

En mi opinión, esta visión histórica hace que, en el fondo, los israelíes se consideren con pleno derecho sobre todo el territorio, si bien, en un principio aceptaron la partición preconizada por las Naciones Unidas, pero no creo sea descaminado pensar, que, desde el primer momento, Israel pensó en ampliar la zona que le había sido asignada. Y ello les lleva a defender sus conquistas y su posición dominante de forma implacable, con dureza e intransigencia.

La visión de los palestinos es diametralmente opuesta. Consideran que la presencia judía en aquellas tierras finalizó hace casi dos mil años, por lo que ha sido superada por la historia, y que en consecuencia, perdieron hace muchos siglos el más mínimo derecho sobre aquellos territorios. Que son los árabes quienes llevan muchos siglos asentados allí, y que no hay razón alguna para que ahora vengan los judíos a arrebatarles sus tierras. Por ello se opusieron desde el primer momento al Plan de Partición de las Naciones Unidas y a la presencia de Israel en “un territorio que no es suyo”. Igualmente rechazaron la creación “artificial” del Estado de Israel y el argumento esgrimido por la ONU de que la partición se basaba en “fuentes bíblicas e históricas”, al igual que se opusieron en su momento a la “Declaración Balfour” de 1917, que preconizaba un “hogar nacional” para los judíos en Palestina.

De ahí que los palestinos se negaran a reconocer categóricamente desde un principio la creación del Estado de Israel, y que, con ayuda de la Liga Árabe, trataran de expulsar a los judíos del territorio asignado por las Naciones Unidas, dando lugar a la guerra árabe-israelí de 1948, en la que estos últimos salieron victoriosos, ampliando sensiblemente el territorio inicialmente asignado. Hay que señalar que durante años se había ido produciendo una inmigración constante de judíos a Palestina, con el impulso del sionismo, y que fueron muchos los árabes que habían vendido sus tierras a los judíos recién llegados, lo cual facilitó su victoria.

Pronto surgieron movimientos nacionalistas palestinos, que posteriormente se reagruparon. Poco antes de la guerra de 1967, organizaciones como Al Fatah – liderada por Yasser Arafat- conformaron la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y lanzaron operaciones terroristas contra Israel. Ataques que incluyeron atentados contra objetivos israelíes en territorio europeo, que no discriminaron entre aviones, embajadas o personal civil.

Tras años de atentados palestinos y asesinatos selectivos de las fuerzas de seguridad israelíes, la OLP e Israel firmaron en 1993 los acuerdos de paz de Oslo, en los que la organización palestina renunció a “la violencia y el terrorismo” y reconoció el derecho de Israel “a existir en paz y seguridad”, siguiendo el criterio conocido con el nombre de “paz por territorios”. Fue un cambio radical de Yasser Arafat, que le valió el premio Nobel de la Paz en 1995, junto a sus interlocutores Simon Peres e Isaac Rabin. Este último moriría asesinado ese mismo año por un extremista judío. A su vez los Acuerdos nunca fueron reconocidos por la Organización palestina Hamas, que sigue negando el derecho de Israel a existir. En ambos bandos prevaleció la intransigencia.

Hoy en día nos encontramos ante un problema de difícil solución. La demora en el establecimiento de un Estado palestino independiente, la construcción de asentamientos de colonos judíos en Cisjordania y la barrera de seguridad en torno a ese territorio -condenada por la Corte Internacional de Justicia de La Haya- han complicado el avance de un proceso de paz.

Las diferencias que parecen irreconciliables son las siguientes:

Jerusalén: Israel reclama soberanía sobre la ciudad (sagrada para judíos, musulmanes y cristianos) y asegura que es su capital tras tomar Jerusalén Oriental en 1967. Eso no es reconocido internacionalmente. Los palestinos quieren que Jerusalén Oriental sea su capital.

Fronteras y territorios: Los palestinos moderados demandan que su futuro Estado se conforme de acuerdo a los límites previos al 4 de junio de 1967, antes del comienzo de la Guerra de los Seis Días, algo que Israel rechaza de plano. La organización Hamás, por su parte, sigue en una posición cerril, sin reconocer el derecho a existir de Israel, reclamando todo el territorio para los palestinos.

Asentamientos: Se trata de viviendas, ilegales de acuerdo al derecho internacional, construidas por el gobierno israelí en los territorios ocupados por Israel tras la guerra de 1967. En Cisjordania y Jerusalén Oriental hay más de medio millón de colonos judíos.

Refugiados palestinos: Los palestinos sostienen que los refugiados (10,6 millones según la OLP, de los cuales casi la mitad están registrados en la ONU) tienen el derecho de regreso a lo que hoy es Israel, pero para Israel, aceptarlo supondría destruir la identidad del Estado judío.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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